Lugar mágico

Hace algunos días visité uno de esos pueblos mágicos del país. Me pareció recordar elementos muy significativos de mi infancia, pues entre la gente de aquel lugar relucía una vida apacible y sin sobresaltos… Dicho pueblo me hizo recordar el lugar donde nací, pues el pardear de aquella tarde era similar a la viva imagen de los atardeceres en Ucareo, pueblo que descanza en la cima de un pequeño collado.

Es precisamente de ese pequeño recinto del que quiero compartirles en este espacio. Con esto no trato de ninguna manera adueñarme del basto significado que engloba esta comunidad. Es tan sólo una perspectiva muy particular pero que busca conformarse lo más objetiva posible.

Hay, sin duda, personas más propias para hablar de Ucareo. Aquellas que cuentan con la herencia de la vida misma, los que gustan por conservar las historias particulares, los que sienten en sus venas la responsabilidad de mantener un basto legado de tradiciones propiamente ucarences… A ellos les agradezco sinceramente y les invito para que nunca desfallezcan. Por mi parte, no puedo dejar en el tintero esa realidad que a más de uno le puede avivar el espíritu.

Con esto, pues, que la constancia, magnanimidad y nobleza de ánimo caractericen siempre al “mágico pueblo de Ucareo”.