Pertenezco a un pequeño poblado del Esatado de Michoacán, un lugar muy sencillo, modesto y a la vez interesante. La niñez y parte de mi juventud la viví en su regazo, y gracias a ello me hice portador de considerables riquezas que hoy son parte esencial de mi persona.

Profusas son las historias de mi pueblo que se refieren a individuos muy particulares, aquellos que se mantienen al margen del común de la sociedad pueblerina (por alguna discapacidad, por exclusión social, por vicio alguno o por provocar mofa entre la gente)… Yo a ellos los comparo con “Pito Pérez”, el desventurado borracho de Santa Clara del Cobre y personaje ilustre de la obra de José Rubén Romero. Y digo los comparo porque no significa que todos son iguales, pero sí comparten características de aquel sector rechazado por la mayoría.

Alguien me dijo alguna vez que sin este tipo de personas los pueblos se volverían rutinarios, abandonados, e incluso sumisos a las condiciones fatales que padecen, y tal vez tenga razón, no porque apoye la detestable idea de recriminarlos, sino porque son ellos los que más viven las desventuras de la humanidad, los que conocen con mayor certeza la esencia y el colorido de nuestro país, y desde luego, porque a ellos los convertimos en válvula de escape de nuestras represiones sociales. Son ellos la expresión sencilla y no rebuscada del mexicano: alegre siempre a pesar de su historia dolorosa; rico en sus miseria; enmascarado con aquel humor que siempre ahuyenta sus propias tragedias.

Aquí dejo pues el testamento de este hombre tan picarezco para que lo tomemos con ambos brazos y lo invirtamos en la empresa personal:

a).- “Lego a la humanidad todo el caudal de mi amargura…
“Para los ricos, sedientos de oro, dejo la mierda de mi vida y para los pobres, por cobardes, mi desprecio, porque no se alzan y toman todo en un arranque de suprema justicia”.

b).- “Solamente los tontos o los enamorados se entregan sin condición”.

c).- “Libertad, igualdad, fraternidad… !Qué farsa más ridícula! A la libertad la asesinan todos los que ejercen algún mando; la igualdad la destruyen con el dinero, y la fraternidad muere a manos de nuestro despiadado egoísmo”.

d).- “Y, ¿qué es la caridad? Bien claro lo indica su nombre: ca-ri-dad, dad, dad. ¡Por algo es la mayor y la más grande de las virtudes!”

e).- “¿Qué voy por la vida sucio, greñudo, desgarrado? ¡Y qué importa si no tengo con quien quedar bien!; ¿Qué no trabajo? ¡Qué más da, si nadie tiene que vivir a mi costa!”

f).- “Te amo en secreto, si lo supieras nunca me hirieras con tu desdén…”

g).- “Humanidad, te conozco; he sido una de tus víctimas”.

h).- “¡Cuán breves son las fiestas de este mundo y cómo nos dejamos engañar por un señuelo!”