Cierto día, cuando laboraba en los terrenos de mi abuelo, me topé con una piedra negra muy brillosa de forma déltica. No le puse demasiado interés, sin embargo, por su constitución embelesante, la guardé en la manta con que cortaba peras.

Al llegar a la casa la mostré a mi hermana mayor. Fue tanto su sorpresa que me quedé atónito, mientras ella corría de la cocina al patio trasero augurando el descubrimiento de una pieza arqueológica, según ella, importante para el nuevo museo que se abría en Morelia. Una “lanza de obsidiana”, un “chinapo” de Ucareo se exhibiría próximamente en los mostradores de arqueología purépecha…

Quiero compartir en adelante sobre la importancia de la “obsidiana” en la época prehispánica. Un material muy particular y característco que abunda en los alrededores del pueblo de Ucareo.

Comienzo pues, con un primer texto que narra una vieja leyenda sobre el origen de este material volcánico, utilizado como herramienta y adorno entre las viejas culturas mexicanas.

 

La leyenda de Obsid

Cuenta una historia prehispánica, que cuando la vida era muy difícil y el hombre tenía que luchar contra inmensas bestias salvajes para poder alimentarse, ocurrió un acontecimiento que cambió la vida de las personas de aquel entonces.

En cierta ocasión salieron de sus cuevas los hombres de un gremio a cazar un gran mamut para el abastecimiento de varios días. Las mujeres y los niños aguardaban en la socavón en compañía de los ancianos.

La cacería del mamut duró varios días. Los niños y las mujeres del clan se encontraban desprotejidos: las armas se encontraban en manos de los que cazaban la bestia y los ancianos no eran suficientes para mantener el orden.

En el transcurso de una tarde, un grupo de hienas feroces atacaron al clan. Su despiadada depredación hacía destrozos en la cueva, hasta que Obsid, el pequeño hijo del más valiente guerrero, se percató de una piedra negra y filosa que estaba en el suelo. La tomó y la amarró a un palo que tomó de los escombros y lo lanzó con gran fuerza hacia una de la hienas. Enorme fue la sorpresa de todos al darse cuenta de lo peligroso y útil de aquel instrumento creado al azar. La bestia había caído malamente herida y las demás huían despavoridas…

El ingenio y creatividad de Obsid lo llevaron a recibir los honores de la tribu; fue nombrado guerrero de la aldea y en su honor le llamaron a aquella piedra “Obsidiana”, siendo ésta utilizada posteriormente para la elaboración de instrumentos de caza.

 

Fuente: PASTRANA, Alejandro. La Explotación Azteca de la Obsidiana de la Sierra de las Navajas, Hgo., México. I.N.A.H.

 

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