junio 2010


Los próximos días, del 25 de julio al 1 de agosto de 2010, se llevará a cabo la celebridad que año tras año muestra al mundo la riqueza de la región de Ucareo. Se trata de la “XXIV Feria de la Pera”, cuya coincidencia con la temporada de cosecha hace que los visitantes conozcan y adquieran tanto fruta fresca como licores y conservas que preparan de manera tradicional los habitantes del pueblo.

Hace casi más de medio siglo, llegaron a tierras ucarenses algunos evangelizadores europeos, y consigo trajeron púas de castilla que darían forma al cultivo de frutos. Los años venideros verían crecer el sistema frutícola, y al mismo tiempo el desarrollo que hoy día se proyecta a nivel nacional.

La comunidad de Ucareo, busca a través de su feria, mostrar su gran riqueza natural, sus actividades productivas, su patrimonio cultural y su vida pacífica.

La fruticultura ha sido por largo tiempo la principal fuente de ingresos para los oriundos, considerando además, la ganadería, industria y comercio. Actualmente se calcula que cerca de un 80% de los ucarenses son fruticultores y una gran porción de ellos elabora licores y conservas para su comercio.

Dentro de la gama de productos que se industrializan son los siguientes: almíbares en diversas presentaciones (de duraznos, peras, manzanas, membrillos, tejocotes y macedoneas, principalmente); licores (de cada una de las frutas de la región, incluyendo la nuez y la guayaba); frutas cristalizadas; mermeladas de ciruela, capulín, y tejocote; cremas de frutas, entre otros.

La Feria de la Pera, en su variedad, también cuenta con exposiciones artesanales, muestras arquológicas, exhibiciones fotográficas, eventos culturales y deportivos, gastronomía, desfiles tradicionales, jaripeos, juegos mecánicos, y mucho más.

Es, pues, una buena oportunidad para conocer este maravilloso lugar. Sus paisajes y alrededores son muy prometedores a la actividad de contemplar. La Feria de la Pera abre sus brazos para acogernos con un festín inigualable…

 

Nota: Ucareo pertenece al municipio de Zinapécuaro Michoacán. Se localiza en el Oriente michoacano, por la carretera Morelia-Maravatio o autopista México-Guadalajara, a 60 kms aproximadamente de la ciudad de Morelia. Para mayores informes recurre a los mapas que proporciona Internet o a la Guía Roji.

 

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Como es sabido, en los últimos días de julio y primeros de agosto de cada año, se realiza en Ucareo la conocida “Feria de la Pera”. Un evento que reune costumbres, sabores, historia y diversión… Por ello, como preámbulo a dicho evento, coloco una leyenda que trata sobre el origen de “la pera”, cuya producción se realiza en tierras ucarenses y alrededores.

Con ésto, pues, deseo vayamos preparando terreno para agasajar una festividad tan representativa para los oriundos del lugar.

No olvidemos que, las leyendas en el marco literario, no aluden a realidades concretas, pero sí dan una profunda satisfacción e imaginario colectivo que afianza una identidad; además, nos ayudan a darle nuevos significados al mundo que nos rodea. Así, entonces, tienen la libertad de emitir juicios del siguiente texto, respetando siempre la amplia simbología que de él pueda extraerse…

 

Tsanda

Cuenta la leyenda que en tiempos de hambruna un joven llamado Tsanda (Rayo de sol) caminaba por las orillas del barranco Tamárhu (tierra fértil), cuando, al pie de un tejocote, se halló un “tiríapu” (mazorca de maíz) de color pajizo semidorado. Su alegría fue tanta que decidió regresar con su hallazgo a la comunidad. Pero en el instante de agacharse para tomar aquel “tiríapu”, un hombre de barba cerrada con lienzos negros y de aspecto muy prominente le irrumpió diciéndole:

–¡Detente Tsanda! El “tiríapu” que tocas no es como los que normalmente conocen los “tarheri” (agricultores).

Tsanda, asustado por aquel hombre y sus palabras, cayó de espaladas en el intento de apartarse.

–¡No temas!, dijo con voz suave el hombre de la exuberante barba. –Sólo quiero ayudar a los tuyos–, continuó mientras levantaba el “tiríapu”.

El hombre extraño colocó el “tiríapu” en las manos de Tsanda diciendo:

–Desgrana el “tiríapu” sobre aquel tejocote y promete el “tarhéni” (labrado y cuidado de la milpa) constante y detallado de las plantas que germinen; yo a cambio te daré un alimento que los dioses esconden en sus moradas y que ningún hombre jamás podrá obtener por cuenta propia.

Tsanda quedó boquiabierto. Nunca había visto a un hombre con tal fachada, ni mucho menos había escuchado una oferta de tal magnitud. Después de tantos descontentos causados a sus padres y demás parientes, le llegaba la oportunidad de recuperar su decoro entre los de su casta.

Tsanda atrajo sobre su pecho el “tiríapu” y lo apretó desmedidamente. Después dio un signo de asentimiento al hombre extraño que tenía frente a él.

Sin más, el varón, antes de abandonar el lugar, le señaló a Tsanda que lo prometido se cumpliría hasta que las matas de milpa que naciesen al pie del tejocote comenzaran a espigar.

El tiempo pasó. Tsanda nunca dejó de realizar el “tarhéni” de la milpa que rodeaba el tejocote. Y cuando ésta última comenzó a espigar, las ramas de aquel bejuco se cubrieron de unos cuerpos embelesantes en los que el sol se destellaba. Eran semiredondos, de matiz amarillo y textura lisa. Tsanda tomó uno de aquellos, y al momento de examinarlo se lo llevó a la boca y lo mordió. Descubrió así un elixir que los dioses escondían desde tiempos remotos. Tsanda llamó a aquel fruto “piréni” –pera– (que significa “gozo del canto” o “deseo de entonar un himno”) porque su descubrimiento debería elogiarse sobremanera con cantos a la tierra madre que proveía a su gente con nuevas especies.

 

Cuentan que Tsanda se convirtió en Cazonci (autoridad suprema de la tribu) y mandó cultivar huertas por todo su territorio. El tejocote aquel de donde emanaron aquellos cuerpos permaneció por tiempos milenarios y año tras año procuraba a los hombres aquellos frutos dignos de veneración…

 

 

 

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Sociedad y política
Los Purépecha tenían un gobierno teocrático, es decir, el rey, al mismo tiempo que era la autoridad política suprema, representaba también la autoridad religiosa; su principal labor era la de mantener el culto a su dios Curicaveri, su principal deidad.

Existen diversas categorías sociales. En la cúspide se encontraba el cazonci y su familia. El cazonci ejercía el poder y el representante de la diosa Cuerauáperi. Después del rey venía el petámuti, quien era el sacerdote mayor. Le seguían después los altos funcionarios, tales como el agantácuri, gobernador y capitán general; el ocambecha o recaudadores generales y los caracha capacha, señores de las cuatro partes o fronteras.

Así le sucedían entonces la burocracia intermedia o mayordomos mayores, que eran una especie de caciques locales. Debajo de ellos encontraban los productores: agricultores, pescadores y cazadores, y por supuesto, los artesanos y comerciantes.

Tenían la costumbre de usar pintura corporal y facial. Los hombres aparecían con el pelo pintado de blanco, en tanto que las mujeres se lo pintaban de rojo y usaban fleco y trenzas de listones. Ambos usaban adornos tales como las ajorcas, orejeras circulares, collares, brazaletes y pulseras.

Su economía
La economía tarasca se basaba en la agricultura, la pesca, la caza y el comercio. La forma de distribuir las ganancias era conforme a la participación que cada uno había tenido en las diferentes actividades y, conforme a ello, el jefe procedía al reparto.

Su comercio local se basaba en el trueque y para el intercambio con otras regiones usaban cañutos de pluma llenos de polvo de oro. Para las pequeñas operaciones emplearon una unidad llamada pijar, que tenía una equivalencia igual a cinco mazorcas de maíz.

Evidentemente sus guerras se realizaban con fines económicos. La conquista de otros pueblos era con la finalidad de obtener tributos y los botines de la guerra. La carrera militar también se le consideraba como uno de los mecanismos de ascenso en la escala social entre los tarascos.

  

Su religión

Desafortunadamente, los tarascos no tuvieron la costumbre de representar a sus dioses, de la misma manera como hicieron otros pueblos mesoamericanos, ni el fresco de las paredes en sus templos, ni por medio de la escultura. Es probable que todo este tipo de divinidades las realizaron con otro tipo de materiales, tales como la pasta o la madera.

Su dios principal era Curicaveri, el dios solar y del fuego. Así también como Cuerauáperi, divinidad femenina, que era la encarnación de las fuerzas productivas de la tierra, relacionada con el ciclo de las estaciones y de la naturaleza que muere y renace periódicamente, madre de los dioses y dadora de los mantenimientos.

Conocemos también a Xarantaga, hija de Cuerauáperi, diosa de la fertilidad, cuyo culto se relacionaba con la observación de las fases de la luna.

Tenían un calendario dividido en 18 meses o lunas, similar a los que se utilizaban en otros pueblos mesoamericanos.

 

Fuente: ÁVILA ALDAPA, Rosa Mayra, Los pueblos mesoamericanos, México D.F., Instituto Politécnico Nacional, 2002, págs. 177-180.

 

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 El pueblo de Ucareo pertenece al estado de Michoacán. Lugar rico en historia y cultura. Su pasado se remonta propiamente a la época tarasca.

A continuación presento una síntesis histórica sobre los purépechas. Espero y la abracen con voracidad y entusiasmo.

 

 

 

Los Purépecha fueron el pueblo más tardío que se asentó en la zona Occidente, es decir, en el actual estado de Michoacán, en los alrededores del lago de Pátzcuaro.

Era el pueblo más conocido en Occidente, puesto que dominaba todo el territorio hasta la llegada de los españoles. Pero a pesar de su gran importancia e incidencia como grande cultura, siguen sin resolverse algunos de sus problemas tales como su origen étnico y su filiación lingüística.

Michoacán significa propiamente “lugar de pescado”, o bien, “lugar de pescadores”. En principio, el vocablo “tarasco”, con el que muchas veces se le denomina a esta cultura, está mal empleado, pues se trata de un gentilicio que proviene del término “tarascue”, cuyo significado es yerno. Los indígenas dieron ese nombre a los conquistadores españoles por haberles entregado a sus hijas, y con ello los convirtieron en sus yernos. De allí que el nombre más adecuado sería el de purépecha.

Hacia el año 1200 d. C., llegan a Michoacán los purépechas, procedentes probablemente de Sudamérica, ya que su lengua no pertenece a ninguno de los troncos lingüísticos de Mesoamérica, pero en cambio, sí muestra semejanzas fonéticas con lenguas de América del Sur.

La “Relación de Michoacán” describe a este pueblo como chichimecas bárbaros, cazadores que llegaron guiados por un personaje llamado Ticátame. También los purépechas se decían, como los mexicas, haber sido elegidos y guiados por su dios Curicaveri.

Según las fuentes documentales, los purépechas fundaron Pátzcuaro, donde nacieron los hermanos Veáspani y Puácame, dueños de un gran territorio. Ellos, fuertes y poderosos, provocaron la ira de Curicatén, el señor de las ciudades que se asentaban en Zarácuaro y Pacandan, en el lago de Pátzcuaro, por haber robado una mujer de sus dominios con la que Puácame tuvo un hijo llamado Tariácuri.

 

Tariácuri (cuyo nombre significa “sacerdote del viento”) fue educado bajo estrictas reglas religiosas. Este sacerdote destacó por haberle dado forma al reino tarasco. Pese a que sus primos conspiraban en su contra y se aliaban con sus enemigos, Tariácuri los vendió y dueño del gran territorio, se proclamó rey de Michoacán. Se trata de un héroe equiparable a Quetzalcoatl de los toltecas. A la muerte de Tariácuri el reino tarasco fue dividido en tres. También fue el momento en que se iniciaron las guerras de conquista de los pueblos aledaños. De allí que se establecieron tres capitales: la primera fue Pátzcuaro (lugar de pescado), la segunda Ihuatzio (lugar de coyotes) y, la tercera, Tzintzuntzan (lugar de colibríes), en las orillas del lago de Pátzcuaro.

El inicio del poderío purépecha es paralelo al reino de Moctezuma I, rey de los mexicas. Los mexicas habían extendido su imperio en un vasto territorio y ambicionaban también la posesión de las tierras de los tarascos, no obstante, éstos se aliaron con los matlatzincas y vencieron a los mexicas; una vez terminada la guerra otorgaron como botín a los matlatzincas una porción de tierras, donde fundaron las tierras de Udameo y Charo.

Hacia 1450, Tzintzuntzan acaparó el poderío de la región. Entre los gobernantes destacados tenemos a Tzitzitpandacúare, quien realizó la mayor expansión del poderío tarasco; Zuangua era quien gobernaba a la llegada de los españoles y Tangaxoan II, su sucesor ofreció a los españoles la rendición. Cristóbal de Olid entró Tzintzuntzan un 25 julio de 1522. Más tarde, Beltrán Nuño de Guzmán llegó a la región purépecha buscando oro y al no obtenerlo, mandó matar a Catzontzin, el que sería el último gobernante purépecha y conquistó brutalmente el territorio.

 

Fuente: ÁVILA ALDAPA, Rosa Mayra, Los pueblos mesoamericanos, México D.F., Instituto Politécnico Nacional, 2002, págs. 169-177.

 

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Ayer por la tarde, cuando me disponía a salir a la plaza principal del pueblo, presencié una algarada en el pasillo de la casa. Mi hermano mayor y los dos más pequeños gritaban eufóricos el triunfo de la selección mexicana contra el equipo de Gambia.

¡Qué maravilla!, le oí decir a mamá cuando figuraba la alegría de sus hijos fánáticos a este deporte.

Aquellos que platicaban conmigo hacía pocos minutos, corrieron de inmediato al televisor para ver el resumen del partido. Todos revelaban el contento de la noticia y, según ellos, mostraban su aumento de patriotismo al apoyar a la “Selección Nacional”.

Pero, ¿el patriotismo se reduce a una pequeña batahola futbolística? ¿Es algo tan simple que evocamos cada vez que nuestra “Selección” participa en los mundiales? ¿Nos volvemos más patriotas gritando un “Oooole” frente al televisor cuando se hace una buena jugada? ¿Es mayor patriotismo portar la camisa de la Selección que ejercer mi responsabilidad como ciudadano?…

Definitivamente no estoy contra el futbol, ni mucho menos desprestigio el fanatismo que se crea alrededor de los mundiales. Simplemente cuestiono nuestra actitud como sociedad. El “patriotismo” es un valor, una “forma de amar” que deriva de un sentimiento de identidad; es estar al servicio de la comunidad, país o nación al que pertenecemos.

Claro está que el sentimiento patriótico contiene símbolos, anhelos, pasiones, nostalgias, sacrificios, egoísmos y momentos éticos que inspiran las grandes etapas históricas y bellas obras de arte. Pero también lo hallamos en la religión, en la libertad, independencia, educación, soberanía y desarrollo… conceptos relacionados a toda actividad y actitudes patrióticas.

Sin embargo, lo más importante del valor de patriotismo es la dimensión del “compromiso humano-social”, que es la esencia misma del fenómeno patriótico. Es decir, la patria supone a mi hermano, al paisano, al otro, a aquel con quien comparto mis orígenes y mi terruño y para quien debo servicio, responsabilidad y solidaridad.

Apoyar a la Selección definitivamente nos congrega como país, como sociedad… pero, ¿por qué sólo lo hacemos en estas circunstancias y no cuando se trata de contrarrestar acciones y sentimientos como la corrupción, el abuso, la propia traición a la patria?

Nunca dejará de ser un patriotismo los comportamientos que se relacionan al deber, a las sanas vivencias, a la responsabilidad y el compromiso con los demás. El patriotismo lo reflejaremos cuando hagamos evasión al mundo de la desinformación y carencia de autocrítica; cuando, a pesar de apoyar incondicionalmente a la Selección Mexicana, estemos en adeudo con las exigencias de la comunidad.

Que todo ucarense, en su libertad, en su calidad y profundidad fanática, porte con orgullo los símbolos patrios como la bandera, el himno y el escudo nacional en el marco del Mundial del Futbol 2010; que festeje además el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución, pero que también anote un “gol de solidaridad” y compromiso sicial…

Y ahora sí, a gritar:

¡Viva México ca… rensenses!!!

En el artículo pasado dí a conocer la leyenda de “Obsid”, el pequeño guerrero que descubrió una milenaria forma de uso de la conocida piedra volcánica. Ahora -como una segunda parte- quiero sintetizar la noble representatividad de Ucareo, en el marco histórico, por su despunte en riqueza de obsidiana.

Les invito a continuación no sólo a leer los siguientes párrafos, sino además, al ejercicio práctico de comprensión del hombre y la sociedad de Ucareo; a realizar un pequeño viaje por el pasado para abrirnos los ojos, obtener conocimiento y apertura mental…

En la historia

En pequeños parajes del territorio ucarense como los de “La Joya”, “La Palma”, “Los Hoyancos”, o bien laderas como las del “El Cerro de la Cruz”, “El Mastranto”, “La Trampa” (colonia Tico) y muchos más, abunda la obsidiana. Un material que sin duda fue un elemento decisivo para el desarrollo social y tecnológico del centro del territorio mexicano.

Se considera, según estudios del Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares, que estos lugares eran yacimientos importantes de este mineral, los de mayor explotación al Oeste de México durante el periodo Preclásico, es decir, en el año 500 a.C., y se cree que en la época prehispánica los nativos del lugar abastecían de armas al Imperio Tarasco y comerciaban este tipo de instrumentos con pueblos vecinos, llegando incluso a zonas de América del Sur.

Ucareo era un área estratégica de negocio. Las grandes rutas de comercio y las influencias culturales de otros pueblos con Ucareo se acrecentaron al paso del tiempo debido a las constantes guerras y a la expansión de mercados. Sus yacimientos de obsidiana y sus talleres dejaron huella en la idiosincrasia cultural de pueblos del Altiplano Central como Tula y Xochicalco, pero sobre manera en áreas mayas, tales como Chichén Itzá, Oaxaca y Tepoxté en Guatemala.

La obsidiana era uno de los recursos estratégicos más importantes en la antigua Mesoamérica. La que se extraía y labraba en Ucareo parece haber cobrado auge como mercancía durante los periodos Epiclásico (700-900 d.C.) y Posclásico temprano (900-1200 d.C.). Pero será en el periodo Posclásico tardío (1200-1521 d.C.), poco antes de la llegada de los españoles, cuando la obsidiana se convierte en el material más importante para el Imperio Tarasco. Fue este momento cuando Ucareo alcanzó su mayor popularidad, principalmente por la producción de navajas prismáticas, una tecnología considerable que se dispersó por toda Mesoamérica.

Las cualidades físicas de la obsidiana hacían de ésta una de las principales materias primas comerciables en el mundo antiguo. Ucareo, por tanto, tenía gran participación en la estructura social mesoamericana… La actividad medicinal, artesanal, religiosa, doméstica, y sobre todo militar de aquellas sociedades, sin duda se veían beneficiadas por el oficio de los ucarenses.

Estudios de hace apenas algunas décadas han demostrado que la obsidiana de Ucareo fue también un elemento de alta consideración en la producción de ornamentos decorativos. Alguno de estos grandes hallazgos son los inusuales soportes negros de dos pinturas representando escenas de “La Pasión” del maestro español Murillo, expuestas en el Museo de Louvre en París…

Fuentes:
-WILLIAMS, Eduardo, et. al., El Antiguo Occidente de México. Nuevas perpectivas sobre el pasado prehispánico, México, El Colegio de Michoacán, 2005, Pp. 331.
-Revista Mexicana de Física, Vol. 53, suppl. 3, México, febrero de 2007.

 

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