En el artículo pasado dí a conocer la leyenda de “Obsid”, el pequeño guerrero que descubrió una milenaria forma de uso de la conocida piedra volcánica. Ahora -como una segunda parte- quiero sintetizar la noble representatividad de Ucareo, en el marco histórico, por su despunte en riqueza de obsidiana.

Les invito a continuación no sólo a leer los siguientes párrafos, sino además, al ejercicio práctico de comprensión del hombre y la sociedad de Ucareo; a realizar un pequeño viaje por el pasado para abrirnos los ojos, obtener conocimiento y apertura mental…

En la historia

En pequeños parajes del territorio ucarense como los de “La Joya”, “La Palma”, “Los Hoyancos”, o bien laderas como las del “El Cerro de la Cruz”, “El Mastranto”, “La Trampa” (colonia Tico) y muchos más, abunda la obsidiana. Un material que sin duda fue un elemento decisivo para el desarrollo social y tecnológico del centro del territorio mexicano.

Se considera, según estudios del Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares, que estos lugares eran yacimientos importantes de este mineral, los de mayor explotación al Oeste de México durante el periodo Preclásico, es decir, en el año 500 a.C., y se cree que en la época prehispánica los nativos del lugar abastecían de armas al Imperio Tarasco y comerciaban este tipo de instrumentos con pueblos vecinos, llegando incluso a zonas de América del Sur.

Ucareo era un área estratégica de negocio. Las grandes rutas de comercio y las influencias culturales de otros pueblos con Ucareo se acrecentaron al paso del tiempo debido a las constantes guerras y a la expansión de mercados. Sus yacimientos de obsidiana y sus talleres dejaron huella en la idiosincrasia cultural de pueblos del Altiplano Central como Tula y Xochicalco, pero sobre manera en áreas mayas, tales como Chichén Itzá, Oaxaca y Tepoxté en Guatemala.

La obsidiana era uno de los recursos estratégicos más importantes en la antigua Mesoamérica. La que se extraía y labraba en Ucareo parece haber cobrado auge como mercancía durante los periodos Epiclásico (700-900 d.C.) y Posclásico temprano (900-1200 d.C.). Pero será en el periodo Posclásico tardío (1200-1521 d.C.), poco antes de la llegada de los españoles, cuando la obsidiana se convierte en el material más importante para el Imperio Tarasco. Fue este momento cuando Ucareo alcanzó su mayor popularidad, principalmente por la producción de navajas prismáticas, una tecnología considerable que se dispersó por toda Mesoamérica.

Las cualidades físicas de la obsidiana hacían de ésta una de las principales materias primas comerciables en el mundo antiguo. Ucareo, por tanto, tenía gran participación en la estructura social mesoamericana… La actividad medicinal, artesanal, religiosa, doméstica, y sobre todo militar de aquellas sociedades, sin duda se veían beneficiadas por el oficio de los ucarenses.

Estudios de hace apenas algunas décadas han demostrado que la obsidiana de Ucareo fue también un elemento de alta consideración en la producción de ornamentos decorativos. Alguno de estos grandes hallazgos son los inusuales soportes negros de dos pinturas representando escenas de “La Pasión” del maestro español Murillo, expuestas en el Museo de Louvre en París…

Fuentes:
-WILLIAMS, Eduardo, et. al., El Antiguo Occidente de México. Nuevas perpectivas sobre el pasado prehispánico, México, El Colegio de Michoacán, 2005, Pp. 331.
-Revista Mexicana de Física, Vol. 53, suppl. 3, México, febrero de 2007.

 

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