Ayer por la tarde, cuando me disponía a salir a la plaza principal del pueblo, presencié una algarada en el pasillo de la casa. Mi hermano mayor y los dos más pequeños gritaban eufóricos el triunfo de la selección mexicana contra el equipo de Gambia.

¡Qué maravilla!, le oí decir a mamá cuando figuraba la alegría de sus hijos fánáticos a este deporte.

Aquellos que platicaban conmigo hacía pocos minutos, corrieron de inmediato al televisor para ver el resumen del partido. Todos revelaban el contento de la noticia y, según ellos, mostraban su aumento de patriotismo al apoyar a la “Selección Nacional”.

Pero, ¿el patriotismo se reduce a una pequeña batahola futbolística? ¿Es algo tan simple que evocamos cada vez que nuestra “Selección” participa en los mundiales? ¿Nos volvemos más patriotas gritando un “Oooole” frente al televisor cuando se hace una buena jugada? ¿Es mayor patriotismo portar la camisa de la Selección que ejercer mi responsabilidad como ciudadano?…

Definitivamente no estoy contra el futbol, ni mucho menos desprestigio el fanatismo que se crea alrededor de los mundiales. Simplemente cuestiono nuestra actitud como sociedad. El “patriotismo” es un valor, una “forma de amar” que deriva de un sentimiento de identidad; es estar al servicio de la comunidad, país o nación al que pertenecemos.

Claro está que el sentimiento patriótico contiene símbolos, anhelos, pasiones, nostalgias, sacrificios, egoísmos y momentos éticos que inspiran las grandes etapas históricas y bellas obras de arte. Pero también lo hallamos en la religión, en la libertad, independencia, educación, soberanía y desarrollo… conceptos relacionados a toda actividad y actitudes patrióticas.

Sin embargo, lo más importante del valor de patriotismo es la dimensión del “compromiso humano-social”, que es la esencia misma del fenómeno patriótico. Es decir, la patria supone a mi hermano, al paisano, al otro, a aquel con quien comparto mis orígenes y mi terruño y para quien debo servicio, responsabilidad y solidaridad.

Apoyar a la Selección definitivamente nos congrega como país, como sociedad… pero, ¿por qué sólo lo hacemos en estas circunstancias y no cuando se trata de contrarrestar acciones y sentimientos como la corrupción, el abuso, la propia traición a la patria?

Nunca dejará de ser un patriotismo los comportamientos que se relacionan al deber, a las sanas vivencias, a la responsabilidad y el compromiso con los demás. El patriotismo lo reflejaremos cuando hagamos evasión al mundo de la desinformación y carencia de autocrítica; cuando, a pesar de apoyar incondicionalmente a la Selección Mexicana, estemos en adeudo con las exigencias de la comunidad.

Que todo ucarense, en su libertad, en su calidad y profundidad fanática, porte con orgullo los símbolos patrios como la bandera, el himno y el escudo nacional en el marco del Mundial del Futbol 2010; que festeje además el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución, pero que también anote un “gol de solidaridad” y compromiso sicial…

Y ahora sí, a gritar:

¡Viva México ca… rensenses!!!