A poco tiempo de inaugurar el centenario de la Revolución mexicana, los compatriotas debemos traer a cuenta lo que significa dicho suceso y la responsabilidad que se liga a la misma.

Recordemos que dicho movimiento fue el resultado del hartazgo del pueblo contra el dominio de la dictadura del Gral. Porfirio Díaz. La sublevación dada el 20 de noviembre de 1910 fueron producto de las condiciones infrahumanas e insalubres; así como largas jornadas laborales que vivía el sector obrero de aquélla época.

Ucareo no quedó exento de las consecuencias del movimiento. Existen testimonios que dan cuenta de las famosísimas “Tiendas de Raya” –ubicadas lo más probable en las ex haciendas de san Joaquín Jaripeo y el Sauz–, cuyo mecanismo explotaba a los indígenas y mantenía al pueblo completamente endeudado…

Hoy por hoy, a cien años de la Revolución, los ucarenses tenemos en manos las implicaciones de la democracia. Nos corresponde crear un país y una sociedad que establezca sus líneas de acción a partir de un “diálogo” entre el gobierno y los gobernados. Nuestro panorama nos continúa exigiendo la capacidad de críticos y la resolución absoluta de las anomalías que día a día se presentan en nuestros ambientes.

A continuación presento un estracto del libro “Ucareo. Cuna de la Provincia agustina de Michoacán” de Sergio Soto Núñez, donde se observa a groso modo la situación en la que se encontró Ucareo en el movimiento revolucionario mexicano.

 

 Ucareo en la Revolución mexicana


Ucareo, situado en la ruta que llevaba desde la antigua Valladolid a la ciudad de México, los contingentes de Miguel Hidalgo rondaron el macizo montañoso y siguieron hasta Acámbaro y Maravatío en su camino a la capital virreinal.

De 1914 a 1919 Ucareo fue víctima de toda clase de saqueos y violencias por parte de las facciones revolucionarias en la lucha. Autores sobre el tema consignan la existencia de un campamento villista en Maravatío.

En este periodo el pueblo registró una emigración sin precedentes debido a las constantes incursiones de todo tipo de grupos armados. Estas incursiones resultaban en saqueos a las pocas tiendas y comercios que existían y la confiscación de víveres a quienes los poseían, incluídos granos y carne, dejando a la población sin medios de subsistencia.

Una circunstancia que agravaba la situación de Ucareo en este periodo era la falta de comunicación con ciudades o pueblos circunvecinos. Esto imposibilitaba la acción rápida del Gobierno.

Un ejemplo de los saqueos de Ucareo es el que sufrío María Suárez cuando un piquete de soldados se apoderó de los pocos víveres que almacenaba en su pequeña tienda. Como ella misma lo señalaba, le reclamó al jefe militar el proceder de los soldados y según su propio testimonio le dijo más o menos lo siguiente: “…aquí vienen villistas, carrancistas, convencionistas y el propio gobierno, hacen de las suyas y, ¿quién es el que sufre? El único que sufre es el pacífico… así que me liquida ahora mismo el importe de las mercancías”.

 

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