noviembre 2010


       La educación en Ucareo es el resultado de un largo proceso en la historia. Empezó a institucionalizarse con el cura Martínez de 1923 a 1932. Durante su apostolado en Ucareo lo acompañaron sus hermanas María de la Concepción y Eulalia, dedicándose a la educación de la niñez.

En la escuela se enseñaba hasta el tercer año de primaria. De 1921 a 1933 funcionó la escuela República Argentína (hoy día la Biblioteca pública) a cargo de Natalio Durán, originario del pueblo y que había cursado estudios en el seminario y algunos otros de grado universitario.

A partir de 1933, dado que la escuela fue ocupada por un estancamiento de soldados, la Acción Católica se encargó de impartir la educación mediante cursos de alfabetización. El destacamiento militar se encontraba sitiado en Ucareo debido a las constantes amenazas por parte del bandolero “La conchita”.

Años después, María de Jesús Anguiano y Rubén Heredia continuarían la afanosa tarea de la educación.

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        Hace algunos años (en 1990) Mario Vargas Llosa, el actual Novel de Literatura, expresó que México es «la dictadura perfecta», refiriéndose al dominio que tenía el partido del PRI sobre la política en México. Muchos le aplaudieron y otros tantos se disgustaron por la afirmación que expresaba. Como quien dice: «el viento beneficia o afecta al velero según su orientación en el mar».

El ejemplo anterior lo traigo al presente para aclarar una verdad: hoy día el poder y control de nuestro país sigue refugiándose en unas cuantas manos y conserva también las características de una dictadura que parece inamovible.

El hecho podrá parecernos de lo más común, pero quien actúa así padece el doloroso «olvido histórico». Recordemos que el rasgo característico más indiscutible de las sublevaciones es la intervención directa de las masas en los acontecimientos que permean la sociedad. De modo que la Revolución fue un tiempo anormal, una suerte de colapso histérico de Nación por la lucha del bien común. Sin este acontecimiento no habríamos alcanzado la ilusión de la nueva era, la ficción de una justicia universal y eterna (…).

De allí que no podemos perder esa catarsis y dejar que el cuerpo social de la Revolución se envejezca muy pronto, ni permitir que el entusiasmo y la utopía se erosionen.

En México se necesita, pues, un tipo mucho más elevado de habilidad política y de revolución (que inicia con las ideologías). No es posible que se continúe la manipulación de las fuerzas sociales. Apuntar hacia algún cambio, aunque sea gradual y no convulsivo, nos lleva a equilibrar los cambios de la estructura socioeconómica y del sistema gubernamental, y hacerlos coincidir de tal manera que ninguno de ellos resulte perjudicado y que, por el contrario, brinden lo necesario para los nativos patrios.

Es momento de aplaudir el Aniversario de la Revolución con nuestros esfuerzos personales y comunitarios. No banalicemos el proyecto que muchos han construido al paso del tiempo, al grado de derramar su sangre a chorros por los hijos que les sucederían el lugar. Que la revolución comience en nuestras almas y no en las bocas que pronto se callan. ¡Felices fiestas!

Anónimo

Sin lugar a duda, los niños están abiertos a todos los colores del mundo. Ese es el comprobante de su confianza en los grandes. ¿No se han dado cuenta de la avidez con que los infantes escuchan y creen lo que se les cuenta? ¿Han mirado su ingenuidad y simpleza?

Cuando se les hace perder la seguridad en la palabra; cuando se les traiciona una promesa y se hiere su confianza, se introduce en los niños un conflicto difícil de remediar.

Recuerden a Hamelin, aquel pueblo próspero cuyos gobernantes ofrecieron cien monedas de oro a quien erradicara una plaga de ratones. Mediante su tonada hipnótica, un conocido flautista logró hacer que los roedores lo siguieran hacia el margen opuesto del río, donde murieron ahogados en las aguas. Cumplió el flautista, pero los avaros gobernadores del poblado lo menospreciaron.

«¿Pagaremos tanto por una simple tonada?». No le dieron un solo centavo de la recompensa prometida. Entonces el flautista volvió a soplar su tonada himnótica, y fueron cientos de niños, todos los niños del pueblo quienes le siguieron sin atender los ruegos de sus padres, y a quienes se llevó muy lejos, tan lejos que nunca regresaron a Hamelin.

Alguien dirá, con toda razón, que en este cuento no se aprecia muy claramente el tema de la confianza infantil y su traición. Pero hay que pensar que el cuento tiene de transfondo aquellas veces que se promete, se crea, se juega con la inocencia de un niño, se le roba con toda providad su confianza.

Digo esto por aquel hecho que vi encarnecidamente hace días en la primaria del pueblo: un padre de familia le prometió de palabra a su hijo que si sacaba diez en el examen le compraría un «disfraz» y una «calabaza» para que fuera a pedir «calaverita» y no lo cumplió […].

¿Podrá el niño recuperar el amor prometido y la confianza en el padre? Es muy difícil. Pero guardo las esperanzas de que ese niño resuelva no traicionar la confianza de los demás.

 

Texto y fotografías de:
Alejandro Vargas Sánchez

Antes que nada, me da mucho gusto participar por primera vez en esta extraordinaria página web que da a conocer lo mágico y maravilloso que es nuestro pueblo de Ucareo. Estoy seguro de que tengo mucho que aportar acerca de nuestro hermoso pueblo y sus alrededores, en este caso será sobre las fincas más representativas de Ucareo. Les comparto esta investigación que llevé a cabo, porque no solamente el Templo y exconvento Agustino tiene historia, sino también cada uno de los rincones de este mágico pueblo.

 

La Finca de “La Novedad”

En esta primera sección, que trata sobre “Las Fincas de Ucareo”, comenzaré explicando aquellas que se encuentran en las calles de Morelos y Padre Torres.

Primeramente muchos se preguntarán por qué se le dio este nombre. Desde hace varias décadas atrás se le llamó “La Novedad” porque los vecinos de las calles cercanas a esta casa acostumbraban reunirse en su portal para platicar acerca de las novedades que había en Ucareo. En los años ochenta los jóvenes le dieron otro nombre: “El Rin”, porque ellos se reunían bajo el portal.

En la Época Colonial, el lugar donde se encuentra esta casa fue un hospital de indios; ya para el siglo XIX las ruinas de lo que había sido un hospital pasó a manos de una familia adinerada del pueblo, la cual decidió hacer un gran portal que queda en alto por el desnivel del terreno y su techo se hizo de tejamanil como era la costumbre de los pueblos de tierra fría. La casa, por ser de muy grandes proporciones y al momento de repartirse la herencia, se dividió en dos. En su interior luce el piso de madera al igual que las paredes. Cuenta con amplios patios, diversos cuartos y un gran “tapanco” que, por sus extensiones, es el segundo más grande de la región, después del que se encuentra en el Templo de San Agustín.

En otra sección de la casa el tapanco está acondicionado con una ventana de madera. Originalmente esta casa contaba en su portal con un barandal de madera y las paredes estaban pintadas de blanco con rojo. Sobre el local y a lo largo de los años, se han establecido diferentes tiendas, de las cuales recordamos aquella conocida como “La Lonchería”; también pasó a ser una farmacia, una tienda de abarrotes, entre otros negocios. Esto se debe tal vez a la posición, por estar en el primer cuadro del pueblo y ser una construcción añeja que con orgullo presume Ucareo.

 

Las primeras casas de dos pisos

Entre algunas de las primeras casas que contaron con segunda planta se halla aquella ubicada frente a la conocida “Finca la Novedad”. Lo particular de esta construcción es que en lugar de llevar piso de cemento, se colocaban enormes vigas para soportar el piso de tarima. Su exterior cuenta con pequeños balcones, mientras que el interior goza de un pequeño patio central. Aprovechando el lugar de la casa, aproximadamente en las décadas de los cuarentas y cincuentas, los vecinos de las calles Padre Torres, Morelos y Nacional, decían que pasadas las once de la noche en las banquetas -que anteriormente eran de otro material- se escuchaban ruidos de tacones que bajaban del atrio apresuradamente. A los vecinos les daba mucha curiosidad saber quienes eran las señoritas que salían a esas horas de la noche. La curiosidad los invadía y abrían sus largas ventanas de madera para asomarse, pero no veían a nadie. Los ruidos se escuchaban rumbo a “Las Cuatro Esquinas”(…).

A esta leyenda se le dio el nombre de “Las Taconeras”, los moradores nunca supieron quienes eran en realidad, si almas en pena o señoritas que se escapaban de su casa para dirigirse con sus novios. Lo más curioso es que los ruidos se escuchaban a la misma hora. Estos ruidos jamás se volvieron a escuchar cuando se estableció el alumbrado público en Ucareo, sin embargo los ancianos de nuestro pueblo recuerdan con vivacidad la leyenda de “Las Taconeras”, una más de las que se cuentan en Ucareo.

 

La finca de Sarita Mendoza

Quienes conocieron a esta gran mujer, la recuerdan muy significativamente. “Sarita”, como se le conocía desde temprana edad, se dio a conocer por ser una mujer con valores y que siempre buscaba de alguna manera ayudar al prójimo, sobre todo a los jóvenes, con tal de que dejaran los vicios. Solía promover el deporte y la sana diversión. Su tienda, un típico portal ubicado en pleno centro histórico de la población, aun recuerda esos olores en el mostrador a galletas, gelatinas y dulces, a pesar de que era una tienda que tenía muy variada su mercancía.

Esta finca fue de las primeras en contar con dos pisos y arriba de su portal se colocó un amplio balcón dotado originalmente de barandales de ladrillo rojo que después se sustituyeron por barrotes de fierro. El interior la tienda cuenta con su mueble de madera que se le conocía como “los gigantes”.

 

La Biblioteca Pública,
antes conocida como “Escuela Primaria República Argentina”

Anteriormente esta finca era la escuela primaria República Argentina y solamente era de niñas. La escuela dejó de funcionar cuando los hombres provenientes de la Hacienda de Jaripeo, que querían formar un Ejido, se levantaron contra Ucareo, mientras que el gobierno del Estado mandaba un destacamento de soldados que establecieron su cuartel en la escuela.

Posteriormente la finca pasó a manos del Ejido, cuando en ese lugar se construyó la escuela. La idea de que Ucareo contara con una biblioteca fue del señor Irineo Heredia Solís, quien junto con otros colaboradores hizo los trámites que establecerían la Biblioteca Pública de Ucareo. Actualmente dicha biblioteca cuenta con más de 35,000 volúmenes diferentes entre libros, revistas y periódicos.

Hoy día la finca pertenece al Ejido de Ucareo. Sin duda es un ejemplo de las construcciones antiguas del pueblo y la región. Todavía cuenta con su techo a dos aguas y cubierto de tejas de barro; en sus corredores se divisan los pilares de madera que soportan el peso de la capota. Sus ventanas y puertas se conservan aún de madera. La biblioteca lleva el nombre de su fundador: Irineo Heredia Solís. Un hombre que nos dejó un gran legado, no solamente para Ucareo, sino para la región.

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