Hace algunos años (en 1990) Mario Vargas Llosa, el actual Novel de Literatura, expresó que México es «la dictadura perfecta», refiriéndose al dominio que tenía el partido del PRI sobre la política en México. Muchos le aplaudieron y otros tantos se disgustaron por la afirmación que expresaba. Como quien dice: «el viento beneficia o afecta al velero según su orientación en el mar».

El ejemplo anterior lo traigo al presente para aclarar una verdad: hoy día el poder y control de nuestro país sigue refugiándose en unas cuantas manos y conserva también las características de una dictadura que parece inamovible.

El hecho podrá parecernos de lo más común, pero quien actúa así padece el doloroso «olvido histórico». Recordemos que el rasgo característico más indiscutible de las sublevaciones es la intervención directa de las masas en los acontecimientos que permean la sociedad. De modo que la Revolución fue un tiempo anormal, una suerte de colapso histérico de Nación por la lucha del bien común. Sin este acontecimiento no habríamos alcanzado la ilusión de la nueva era, la ficción de una justicia universal y eterna (…).

De allí que no podemos perder esa catarsis y dejar que el cuerpo social de la Revolución se envejezca muy pronto, ni permitir que el entusiasmo y la utopía se erosionen.

En México se necesita, pues, un tipo mucho más elevado de habilidad política y de revolución (que inicia con las ideologías). No es posible que se continúe la manipulación de las fuerzas sociales. Apuntar hacia algún cambio, aunque sea gradual y no convulsivo, nos lleva a equilibrar los cambios de la estructura socioeconómica y del sistema gubernamental, y hacerlos coincidir de tal manera que ninguno de ellos resulte perjudicado y que, por el contrario, brinden lo necesario para los nativos patrios.

Es momento de aplaudir el Aniversario de la Revolución con nuestros esfuerzos personales y comunitarios. No banalicemos el proyecto que muchos han construido al paso del tiempo, al grado de derramar su sangre a chorros por los hijos que les sucederían el lugar. Que la revolución comience en nuestras almas y no en las bocas que pronto se callan. ¡Felices fiestas!