Muchos podrán decir, con toda razón, que el lugar que suele conocerse como «atrio» es de poca relevancia para la información e historia de un pueblo. La expresión es válida, pero ello no quita nuestro deseo de relatar algunas características sobre del atrio de Ucareo, más aún los trazos que conforman la amplia estructura del viejo exconvento agustino.

El atrio de Ucareo mantiene la forma de un cuadrado. Está ubicado en una de las partes más elevadas del pueblo. Hacia el lado Este colinda con la parte frontal del templo, extendiéndose hacia el Oeste, donde lucen tres portones que llevan a la calle Quinta de Guadalupe. Al Norte se halla un portón con dirección a la calle Torres; y al Sur, otro compuerta que da directamente a la plaza del pueblo.

El perímetro del atrio está rodeado por una barda de piedra, de un metro de grosor por tres de altura, y fue construida con posterioridad a la edificación del convento y del templo.

Hasta 1890 el atrio sirvió como cementerio. Todavía en décadas de 1950 y 1960 se podían observar las lápidas dispersas por el piso. Actualmente no queda ningún vestigio de dicho cementerio.

Aproximadamente al centro del atrio, se encuentra una cruz romana, la cual tiene a sus costados alegorías bíblicas, referentes a la pasión de nuestro Señor Jesucristo. Algunos le dan el nombre de «Cruz Pasional». Su magnitud y posición respecto de todo el conjunto atrial hacen de ella un obelisco atractivo.

En 1955, cuando se festejaban los 400 años de construcción del convento, se colocó frente a la puerta del templo una estatua erigida en honor a fray Juan de Utrera, impulsor y promotor de la comunidad indígena a la llegada de los agustinos, y quien fuera el organizador de la construcción de los edificios que hoy permanecen.

Lo más seguro es que, con el bastimento del convento, ya se pensaba la realización de un atrio como medida arquitectónica para la conquista espiritual de la comunidad indígena. Los frailes agustinos bien pudieron especular en las dimensiones que en aquel entonces eran comunes para impartir oficios diversos y expandir el mensaje evangélico entre los naturales. Pero por algunos motivos desconocidos no se llevaría a cabo la erección del espacio atrial. Sin embargo hoy se goza de aquel cercado que posibilita el buen humor y la convivencia de los habitantes de Ucareo.