Recopilador: José López

 Siendo provincial el padre fray Diego de Vertavillo, varón venerabilísimo, entre otras fundaciones que hizo fue ésta la casa de Ucareo, cuyo sitio es en un monte que sombra del mismo pueblo monte de Ucareo, que por ser muy provechoso de maderas y tejamanil, que llevan hasta la ciudad de Zacatecas, que hay más de setenta leguas. Tiene también una mina de piedra de azufre y hierbas salutíferas, es muy abundante para todos enfermedades. Han querido decir que ha habido plata en él, mas no se compadece, porque toda es tierra fofa, y la plata se da en serranías peladas, secas y guijas. Pueden decir los vecinos que tienen minas porque para ellos todos los árboles son plata. Es temple muy frío y de continuos aires, tiene arriba aguas, aunque abajo hace ríos hacia Zinapécuaro, Santa Clara y otras fuentes, y por esto su habitación es desabrida, por ser entre árboles y el sitio seco. Dicen que fue pueblo de mucha gente y de muchas visitas, hoy tiene algunas: dos allá en el monte, otras debajo dél hacia Río Grande y una en Siritzécuaro de mucha alegría. Este pueblo servía de frontera al Caltzonzi contra el emperador de México Moctezuma, porque era puerto y paso por donde le podían entrar en su reino, y así escogía dél la gente más beliciosa y bien dispuesta, y la vecindaba en este pueblo y en sus visitas; y si no era para impedir el paso, para otra ninguna no era a propósito el puesto.

Nunca tuvo ministro de asiento, porque el puesto no convidaba a que le hiciese ministro alguno. Acudían a bautizar los padres de N. P. San Francisco, unas veces de Tajimoroa, otras de los Acámbaro; y como el padre fray Diego de Vertavillo buscase en qué ocupase los religiosos con el ministerio, admitió éste tan poco apetecido. Puso por prior a un padre llamado Utrera, el cual fuera de ser muy ciervo de Nuestro Señor, era muy grande arquitecto. Lo primero trató de componer su doctrina, que aunque eran cristianos, como no había tenido asistencia de ministro, estaban faltos en la policía eclesiástica. Quedaron, pues, bien enseñados, como hoy se nos muestran que han conservado muy bien la doctrina. Luego trató de hacer casa, no conforme el puesto merecía, sino conforme su arte le dictaba. Tuvo noticia el Virrey Don Luis de Velasco de un edificio grande que se edificaba en un monte, y avisó al provincial que mandase pararse y se hiciese una casa acomodada para ministerio, y no una grandeza. Así lo cumplió el provincial, que mandó pararse hasta que él viniese a la visita y como diestro arquitecto, hizo lo que los oficiales y maestros del templo de Salomón, del cual dice la Sagrada Escritura, que no se oyó golpe de escoda, sierra ni martillo; y es la razón porque en la cantera se labraba todo, y en el monte o astillero se juntaban las maderas de arte que no hacían en el templo más que asentar, porque de los obradores venía todo ajustado y allá podían trabajar millares de oficiales sin embarazarse unos a otros, y así una obra que fue una de las siete maravillas del mundo, se pudo acabar en siete años; así nuestro obrero obedeció, y no levantó paredes hasta que el provincial lo dispusiese, mas él en la cantera, en el monte, en la calera lo iba disponiendo todo, como si allí se hubiera de asentar. Venido el provincial, le dijo que hiciese un convento moderado, y él respondió que si sería bien moderado haciéndolo en un año; respondió el provincial que bien moderado sería; y con esto pasó visitando y respondió el Virrey, que había ordenado se hiciese convento que se acabase un poco más de un año, y a todos pareció corto el tiempo. El prior pues arrojó por parejo oficiales, que en contorno fuesen haciendo paredes, asentando puertas, enmaderando con las maderas sazonadas y dispuestas de arte que cuando vino el provincial y vio la obra, se quedó espantado; mas no fue ésta la mayor causa de espanto para quien había visto la casa e Iglesia de Pasayuca hecha en ocho meses. Al fin acabóse Ucareo en poco más de año con esta industria; y a mí no me admira tanto la presteza (que es de admirar) cuanto la traza de la casa, que es para asombrar y había de quedar por modelo de conventos de religiosos, porque en el compás corto que tiene, hay convento y hospedería, cada cosa con sus oficinas; de modo que para estimarlo, es necesario verlo y ver la hermosura que todo tiene que ésta no cabe debajo de pluma, sino de vista de ojos. Puso en medio del claustro un aljibe al modo de Cuiseo, más éste tiene sus escaleras por donde se baja a él y se limpia, y tan lindo que es menester verlo para estimarlo. No hay en toda la provincia casa de mejor traza, ni de madera tan linda. No hay cosa de bóveda, porque la tierra es fofa, si oyen a cabo de tantos años se está el convento hoy en fortaleza y limpieza, como si se acabara de hacer, y tiene más de noventa años y no hay un ladrillo gastado ni quebrado.

La iglesia se fue haciendo después de madera porque el suelo no sufriera bóveda, mas como señores del monte tiene unas madres por vigas tan bien labradas, que en esta materia no tiene semejante, no es de tijera sino enmaderado llano y encima bien enladrillado. Tiene retablo acabado, que lo demás desto hizo el padre fray Gregorio Rodríguez, religioso de muy gran celo y que todo se le convertía en plata; y le preguntaron que ¿de dónde tenía tanta plata? Y él por donaire respondía: que tenía una mina que se la daba: corrió la voz de la mina del fraile de Ucareo que hasta hoy ha traído engañados a muchos, como si una mina se puede encubrir. La mina era que le daban los naturales en tejamanil para el retablo, ornamentos y plata, y él lo despachaba a San Luis y a Zacatecas, de donde le traían tejuelos de plata que habían tenido su principio en el monte. Era muy virtuoso y todo le lucía. En la sacristía echó mucho y compró las haciendas que tiene el convento. Fue muy solícito en el canto de los indios, y en su tiempo se reformó la capilla de cantores y de ministriles, y hasta hoy dura su cuidado. Enviábalo la provincia el primer trienio, que se dividió a España por su procurador, siendo prior de Yuririapúndaro, y murió antes de llegar a La Habana. Nuestro Señor le habrá pagado lo mucho que trabajó por la orden. Es convento que ha ido a más en lo temporal y espiritual, porque la sacristía está muy llena de plata y de ornamentos, y hubo tiempo que le echaban noviciado, si bien se quitó luego, mas ha estado en este procedimiento de casa de virtud.

En este tiempo que fue el año de 1555, habiendo ya 30 años que los religiosos administraban las doctrinas, por los indultos de muchos pontífices que les habían concedido ser curas en las conversiones, y en especial en esta tierra, por gula de León X. Y más especial por la omnímoda de Adriano VI, teniendo las doctrinas en la policía y buen orden que a todos consta, comenzaron los señores obispos a hacer contradicción en la administración de los sacramentos, unas veces queriendo quitar toda la administración; y otras veces contradiciendo el modo. Y porque el saber esto de raíz, es conveniente a esta Historia, pondré aquí el principio y el estado en que hoy se hallan estas contradicciones, y cómo Nuestro Señor amparó a las órdenes en ellas.

Fuente:

Moreno, Heriberto (Introducción, selección y notas) – De Basalenque, Diego, Los agustinos, aquellos misioneros hacendados, SEP Cultura, México, 1985, pp. 141-144.

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