Anónimo

Como en cualquier escuela primaria, existen situaciones muy peculiares que nunca se olvidan y que siempre nos causan una sonrisa. Actualmente se pueden contar –por puñados– recuerdos de nuestra vida escolar, y es el turno de que yo, aprovechando el ofrecimiento del Blog de Ucareo, les narraré cuatro experiencias que espero no sean un atrevimiento, sino una oportunidad de volver la mirada a esos días que, como las oscuras golondrinas, no volverán…

 

Anécdota 1

Era mi primer día de clases. Había niños al por mayor y de todo tipo: los que les temblaban las piernas, los que lloraban o hacían muecas, los felices, los gritones, los pulcros, los escépticos… mas todos estaban formados, “tomando distancia”. ¡Izquierda, uno, dos, uno!… (nos gritaba el profesor para hacernos marcar los pasos). En ese patio cívico resonó con resplandor el que llaman “Segundo himno nacional”.

 

 

 

Anécdota 2

Mi profesora de segundo año, cuya edad era matusalénica, nos especificaba las indicaciones al empezar la clase. Y de inmediato la “doña” se sentaba en su silla y se dormía plácidamente hasta el final… Mientras acompañaba la “pestañita” con sonoros ronquidos, no faltaba quien quisiera despertarla, pero ni los aplausos, ni los gritos, es más, ni los “gomazos” –esto último entiéndase como un golpe a la mitad de su frente provocado por una goma– lograban arrancarle el sueño a mi querida maestra… No era hasta que el megáfono derrochaba el que llaman “Segundo himno nacional”.

 

Anécdota 3

Cómo olvidar a aquel profesor de tercer año del grupo “B”, que era el cliché de maestro de primaria por excelencia: pelo exuberante en el pecho con la camisa desabrochada y una “panza chelera” algo prominente; portaba cadenas y pulseras metálicas… El buen profesor era de lo más cómico. Recuerdo que un día mi maestra no asistió a la escuela y tuvimos que asistir a la clase de dicho profesor. ¡Quién lo iba a pensar! Se hizo un show espectacular. De contar chistes pasamos al skech, al histrionismo... Gritábamos como una torva embravecida en un campo de batalla… No fue hasta que el megáfono derrochó el que llaman “Segundo himno nacional”.

 

Anécdota 4

Me encontraba castigado en la dirección de la escuela. Todo el receso me la había pasado sentado en un banco a un lado del director: un hombre al que recuerdo porque lo vi colocando aquel disco enorme y negro en la consola. Un disco de vinilo, producto fonográfico de 10 a 12 pulgadas de diámetro que giraba a 78 rpm. Era un disco que, hasta ese momento, no conocía físicamente, pero lo escuchaba a diario de “pe” a “pa”; incluso llegué a memorizar los rayones y los scratch-scratch que producía por el megáfono… la pista número cuatro de ese disco era el que llaman “Segundo himno nacional”.

 

Habrá quienes sólo recuerdan de aquellos tiempos al chico ñoño, o los desfiles, o a la maestra preferida, los recreos, los amigos, las malas calificaciones, la graduación… Sin embargo, era el mejor de los tiempos, la edad de la ingenua sabiduría, el tiempo de las preguntas impertinentes y de la locura, la época de las creencias y de la incredulidad…

Yo de eso me acuerdo… Y tú, ¿de qué te acuerdas?…

Ah, por cierto, aquí les dejo al que llaman “Segundo himno nacional”.