mayo 2011


 

Por: Alejandro Vargas Sánchez

En este artículo hablaré de las distintas modificaciones que ha tenido «la plaza» (de Ucareo) a lo largo del tiempo, desde que se construyó.

La plazuela, como se le conoció en un principio, se erigió a finales del siglo XIX, cercana a las ruinas del ex convento agustino. Probablemente se mandó construir cuando Ucareo era cabecera municipal. Se colocaron bancas de fierro y en el centro de la plaza se levantó un elegante kiosco con hierro forjado.

Posteriormente, para el año de 1910, se estrenó el monumento al Centenario de la Independencia de México, con una columna y arriba de ésta un busto de Miguel Hidalgo. En 1960 se sustituyó el busto por una réplica del Ángel de la Independencia y se colocó, al pie de la columna, una escultura del cura Hidalgo.

Esta hermosa y pacífica plaza está rodeada de portales con pilares de madera que descansan sobre bases de cantera. Los negocios que se recuerdan en aquellas décadas fueron los que se ubicaban en lo que ahora es el estacionamiento. Eran pequeños puestos de madera, adobe y techos de teja o lamina. Entre los que más se llegan a mencionar es el de Doña Raquel vendiendo sus deliciosas enchiladas, el de Doña Gracia con su puesto de dulces y el de Doña Tránsito con sus famosos tacos dorados. Aparecerán otros negocios, ubicados en la parte aledaña de los portales: tales como la «Botica La Salud», «El Zapatero del Portal», entre otros.

La primera fuente que tuvo la plaza, la mandó construir el cura Fidel Cortés durante su estancia en la parroquia de San Agustín. En 1986 se estrenó la fuente de cantera, la cual se construyó arriba de tres escalones.

La costumbre que se tenía en las décadas de los años 50’s y 60’s, es de que los jóvenes caminaban, alrededor de la plaza, en un sentido opuesto al de las señoritas. Ellos les arrojaban «confeti» a las mujeres que pretendían, si ellas les correspondían los agarraban «del guante» y daban un romántico paseo por la plaza. El joven debía presumir a los amigos que él había sido correspondido.

Durante la década de los 80’s, las autoridades de la jefatura ponían música que andaba de moda para que los jóvenes se las dedicaran a las señoritas que pretendían. Esta actividad atraía a muchos jóvenes hacia «la plaza». Allí se juntaban las famosas bandas, como «la matute». Ya en el atardecer se veía que subían a la plaza las muchachas con sus tacones y copetes altos al último grito de la moda.

Por lo general, en la plaza se congregaba una gran cantidad de personas, sobre todo en tiempos de las ferias y fiestas religiosas. Había ocasiones que pareciera que hacía falta espacio para las personas como para los puestos y juegos mecánicos… Después de que fue una plaza llena de vida y alegría ahora es un lugar muy tranquilo, lleno de nostalgia y recuerdos de lo que, alguna vez, se vivió en el  pasado.

Entre los siglos XV y XVI, el imperio Purépecha, con capital en Tzintzuntzan, fue una potencia mesoamericana de primera magnitud que resistió el empuje del imperio azteca. Su influencia cultural abarcaba (de sur a norte) desde los límites del Estado de Michoacán y Guerrero hasta lo que hoy es el Estado de México y desde la costa oeste de México hasta los estados de Jalisco, Guanajuato y Querétaro.

Realmente fue una cultura de gran influencia, por ello constantemente surgen preguntas relativas a ella. Unos de los cuestionamientos más comunes, y que muchos investigadores han debatido, es sobre ¿cómo nombrar al pueblo indio mayoritario de Michoacán, «purépecha» o «tarasco»?, ¿cómo llamar a los antiguos habitantes antes del contacto con los españoles? y ¿cuál era el gentilicio que se daban los propios indios antes y después del arribo de los españoles?

Pues bien, es sabido que a la mayoría de los indios en diferentes temporalidades históricas prefirieron que los nombrasen «purépechas». Aunque la mayoría de relatos y estudios sobre la cultura les atribuyen el nombre de «tarascos», un término que sirvió para distinguir a un sector de la población del siglo XVI que pretendió emparentarse con los españoles conquistadores.

Este último apelativo puede derivarse de tres posibles vocablos: «tarascue» (que significa suegro), «taras-taras» (sonido producido por el pene entre las piernas al momento de correr), o del nombre del dios «Taras» (el dios Taras de los michoacanos que posiblemente en náhuatl se le decía Michoácatl). En los tres casos queda abierta la posibilidad de que «tarascue» haya sido gentilicio utilizado por los nahuas de México desde el periodo prehispánico, o haberse originado después de la Conquista.

Los estudios revelan que tres versiones dejan entender que los nahuas así llamaban a los tarascos y dos asientan que así les llamaron los españoles. De cualquier manera los términos «Tarasco» o «Purépecha» han coexistido en la mente de los michoacanos, mexicanos y otros, lo cual ha consolidado su uso. Sin embargo, los michoacanos consideraron denigratorio el gentilicio «tarasco» –porque les recordaba a las mujeres michoacanas que se llevaban y hacían suyas los españoles– que a su vez ha dado fuerza al gentilicio «purépecha». Éste último término connota la idea de movimiento o desplazamiento. Los «purépecha» son los que se mueven para ir a la guerra, a trabajar al campo, o a la ciudad a llevar tributo, o «los que hacen visitas». Desde otra perspectiva, también se puede entender el término como «hombres trabajadores».

Mientras tanto, la traducción al español de la palabra «purépecha» en los diccionarios del siglo XVI, como por ejemplo, el vocabulario de Maturino Gilberti: «maceguales, la gente común» y el Diccionario Grande, «gente plebeya, villanos», recogen sólo un sentido de su significado. En primer lugar porque los frailes buscaron un equivalente en idioma michoacano a la palabra náhuatl, «macehualli», que en el centro de México, fue traducida como «gente común». Aunque, en otra vertiente de su significado, también puede ser «gente», o bien, en forma más general, «la especie humana». Lo que hace aludir no sólo a un sector social, sino a la «gente» en sentido amplio, tanto la gente agricultora, como la gente gobernante.

Los «Tarasco» y «Purépecha», pues, de una u otra manera se refieren al grupo étnico que habitó (y habita algunas zonas) la región michoacana. El término «purépecha» es el propio para cuando se quiera referir a su lengua autóctona. Los dos nombres hacen referencia a un mismo grupo indígena. La confusión estriba en que uno lo usa el mismo grupo para autonombrarse (purépechas) y el otro el fue el asignado en la época de la conquista española (tarascos).

 

Si gustas acudir a un texto más amplio,donde las distinciones de los términos

se desarrolla con mayor argumentación y detalleacude a la dirección siguiente:

http://dieumsnh.qfb.umich.mx/histo_tarascos.htm

Fuente:

Carlos Paredes Martínes – Marta Terán (Coord.),  Autoridad y gobierno indígena en Michoacán, Morelia, Vol. I, El Colegio de Michoacán, Morelia 2003, pp. 80-90.