Por: Alejandro Vargas Sánchez

En este artículo hablaré de las distintas modificaciones que ha tenido «la plaza» (de Ucareo) a lo largo del tiempo, desde que se construyó.

La plazuela, como se le conoció en un principio, se erigió a finales del siglo XIX, cercana a las ruinas del ex convento agustino. Probablemente se mandó construir cuando Ucareo era cabecera municipal. Se colocaron bancas de fierro y en el centro de la plaza se levantó un elegante kiosco con hierro forjado.

Posteriormente, para el año de 1910, se estrenó el monumento al Centenario de la Independencia de México, con una columna y arriba de ésta un busto de Miguel Hidalgo. En 1960 se sustituyó el busto por una réplica del Ángel de la Independencia y se colocó, al pie de la columna, una escultura del cura Hidalgo.

Esta hermosa y pacífica plaza está rodeada de portales con pilares de madera que descansan sobre bases de cantera. Los negocios que se recuerdan en aquellas décadas fueron los que se ubicaban en lo que ahora es el estacionamiento. Eran pequeños puestos de madera, adobe y techos de teja o lamina. Entre los que más se llegan a mencionar es el de Doña Raquel vendiendo sus deliciosas enchiladas, el de Doña Gracia con su puesto de dulces y el de Doña Tránsito con sus famosos tacos dorados. Aparecerán otros negocios, ubicados en la parte aledaña de los portales: tales como la «Botica La Salud», «El Zapatero del Portal», entre otros.

La primera fuente que tuvo la plaza, la mandó construir el cura Fidel Cortés durante su estancia en la parroquia de San Agustín. En 1986 se estrenó la fuente de cantera, la cual se construyó arriba de tres escalones.

La costumbre que se tenía en las décadas de los años 50’s y 60’s, es de que los jóvenes caminaban, alrededor de la plaza, en un sentido opuesto al de las señoritas. Ellos les arrojaban «confeti» a las mujeres que pretendían, si ellas les correspondían los agarraban «del guante» y daban un romántico paseo por la plaza. El joven debía presumir a los amigos que él había sido correspondido.

Durante la década de los 80’s, las autoridades de la jefatura ponían música que andaba de moda para que los jóvenes se las dedicaran a las señoritas que pretendían. Esta actividad atraía a muchos jóvenes hacia «la plaza». Allí se juntaban las famosas bandas, como «la matute». Ya en el atardecer se veía que subían a la plaza las muchachas con sus tacones y copetes altos al último grito de la moda.

Por lo general, en la plaza se congregaba una gran cantidad de personas, sobre todo en tiempos de las ferias y fiestas religiosas. Había ocasiones que pareciera que hacía falta espacio para las personas como para los puestos y juegos mecánicos… Después de que fue una plaza llena de vida y alegría ahora es un lugar muy tranquilo, lleno de nostalgia y recuerdos de lo que, alguna vez, se vivió en el  pasado.