José López

Año tras año la población mexicana padece el ajetreo que causa el inicio del ciclo escolar. Es un momento en que el desembolso económico de los padres de familia se agranda y la actividad de los estudiantes se sumerge en la rutina escolar. Pero más allá de eso, el inicio de clases es una oportunidad.

La experiencia internacional nos dice que no existe una sola nación en el orbe que se separe de esta lógica: donde hay calidad educativa, hay desarrollo –con todo lo que ello conlleva–; donde no hay calidad educativa, hay subdesarrollo –con todo lo que ello conlleva–. Así pues, la educación, y aún mejor, la educación de calidad es condición necesaria, indispensable, para el desarrollo de nuestra nación.

Desafortunadamente en México contamos con un sistema educativo muy carente, y de ello hacen evidencia los empleos insuficientes, la baja remuneración y la pobreza extendida, la poca competitividad, la inseguridad, la corrupción, una democracia puramente electoral y poco participativa, los abusos en materia de derechos humanos, la insalubridad, y otros más. En Michoacán sólo una minoría de la población cuenta con la preparación mínima indispensable para defenderse en el competitivo siglo XXI, incluso es previsible la existencia de una carente calidad educativa, pues todas las dimensiones de proceso en primaria demuestran un desempeño muy bajo, y en secundaria, una muy alta deserción y una baja eficacia del sistema.

Con esto no es mi interés desmotivarlos, al contrario, la moción de dichas líneas es para que entendamos que la única apuesta para nuestro futuro es el desarrollo del capital humano. La difícil situación no debe orillarnos a cruzar los brazos, suspirar o lamentarnos… ninguna de estas es una alternativa. Si queremos un mejor futuro, tanto para nosotros como para los que heredan el futuro, tenemos que actuar, construir y activarnos hasta resolver el problema. ¿Pero verdad que suena difícil?

Quienes hoy día tienen el privilegio de asistir a una escuela deben saber que llevan sobre hombros los triunfos y también los fracasos de nuestra sociedad en el futuro. Y cuando me refiero a que son privilegiados, lo hago pensando en que se han librado de una de las desigualdades mayúsculas entre los grupos de la población. ¿A quién no le provoca aturdimiento escuchar que hoy por hoy menos de la mitad de los mexicanos tienen la esperanza de estar en preparatoria a los 15 años de edad? Pues sí, la realidad es que sólo la mitad de nuestra gente completa la educación básica. Y sobre aquellos que tienen acceso a la educación, ¿qué decir de la calidad con que la reciben?

Sin duda hay grandes fisuras educativas, sobre todo en el sentido de diferencias en el acceso, trayectoria, egreso y resultados educativos. Es necesario crear la conciencia de que para mejorar nuestro sistema educativo debemos acudir a la profesionalización y capacitación de los docentes, a la supervisión y acompañamiento pedagógico a los estudiantes por parte de los docentes, y sobre todo, acudir al elemento de la participación de los padres de familia, que es uno de los factores clave para el desarrollo de las competencias y habilidades de los alumnos.

Michoacán no puede seguir al margen de las políticas educativas de este país. Es inadmisible desatender la educación del Estado, municipio o región. Los constantes paros laborales, las tomas de instalaciones, no pueden seguir perjudicando los derechos elementales de los estudiantes. No es la manera de contrarrestar el grave rezago educativo que nuestra población exhibe. Requerimos innovación, actualización y trabajo constante.

Los invito a generar una pronta reacción. Recordemos que la educación no es sólo responsabilidad de los maestros; una educación de calidad implica la participación de toda la comunidad educativa: alumnos, directores, supervisores, asesores técnico-pedagógicos, padres de familia, gobernantes, etc. Como sociedad civil debemos poner nuestro granito de arena para mejorar las labores de enseñanza. Las prácticas pedagógicas deben permitir a los niños aprender a aprender, aprovechar las fuentes de información y conocimiento, y a salir adelante en este mundo cambiante.

Asimismo, invito a las autoridades a redoblar los esfuerzos y diseñar políticas locales y estatales que atiendan las circunstancias de crisis educativa. Ojalá se alcance a evitar la dispersión escolar apoyando a los alumnos con becas, calzado, alimentos, útiles y uniformes escolares. Asimismo, que se prevean acciones para mantener espacios libres de violencia, de capacitación de docentes y directivos, de la facilitación de equipos técnicos pedagógicos… El conocimiento tiene en nuestra época una relevancia inédita, una condición determinante para el progreso. El patrimonio de las generaciones está en su educación, en la riqueza portátil que implica la capacidad para seguir aprendiendo toda la vida, y esto se logrará cuando comencemos a considerar la importancia de dicho fenómeno con la mente y el corazón.