Texto y fotografías por:

Alejandro Vargas Sánchez

    

Son varias las historias que nos han contado nuestros padres y abuelos sobre «el Cristo de Ucareo», pero en realidad nunca se han realizado estudios exactos sobre sus orígenes, autoría o procedencia. Si bien, no es exacto datar la llegada del Cristo al templo de Ucareo con anterioridad o posteridad al incendio ocurrido a principios del siglo XVIII.

Alguna de las versiones sobre los orígenes de este Cristo es la que supone que llegó de España. Otra es la de los que aseguran que el autor del «Cristo de Araró» es el mismo que el de los cristos de Santiago Puriatzícuaro y Ucareo.

Durante la época colonial, en tiempos de las pestes y plagas, se tenía la costumbre de sacar en procesiones a las imágenes religiosas con el objetivo de asegurar el bienestar social mediante la protección divina. Por desgracia, después de las reformas a la Iglesia Católica en los tiempos del presidente Juárez y Lerdo de Tejada, se prohibió llevar a cabo procesiones fuera de los atrios de los templos, provocando el abandono de las procesiones con imágenes religiosas como lo había sido anteriormente.

En el caso de Ucareo, la devoción hacia «El Cristo de la paz y el perdón» tomó fuerza a finales del siglo XIX, cuando el pueblo padecía desastres sísmicos (se llegaron a registrar 970 temblores entre los meses de octubre de 1872 a enero de 1873). Los testimonios dan cuenta de familias que se iniciaban en una intensa práctica de oraciones a favor de la paz y tranquilidad. Una gran cantidad de personas, refugiadas en el interior del templo, oraban por las noches ante la imagen del Santo Cristo pidiendo auxilio a sus necesidades y solicitando el bienestar de los habitantes de Ucareo. La catástrofe había ocasionado el derrumbe de una gran cantidad de casas, al grado de que el pueblo se vio socorrido por entidades de la capital del país y la cabecera del Distrito de Zinapécuaro.

Otro tanto fue lo que sucedió durante la guerra de Revolución (1910) cuando, con la llegada del «bandolerismo», Ucareo padeció de robos, saqueos y muertes por parte de los «villistas». Y aunado a esto, la gripe española asolaba gran parte del Estado de Michoacán (entre los años 1917 a 1919). Situaciones todas que provocaron una mayor devoción al «Cristo del perdón». La fe de los pobladores descansaba en la protección de esta imagen que les traía paz y confianza en la divinidad.

Hasta el día de hoy permanece la devoción hacia el «Cristo de la paz y el perdón» (conocido también como «El Señor de Ucareo»). La religiosidad popular de los habitantes del pueblo se expresa concretamente en las precesiones y ceremonias a favor de la imagen. Incluso, los primeros días de noviembre del año en curso, la gente saldrá a las calles en procesión con la imagen del Cristo con el motivo de festejar los 456 años de la fundación del «ex convento agustino de Ucareo».