Un fragmento sobre la arriería en Ucareo

Por: José López

“Ya no quiero ser arriero

por no andar en la barranca,

porque se me había perdido

la mula prieta y la blanca”.

(son abajeño tradicional)

Muchos han de recordar que la arriería fue, durante mucho tiempo, una de las actividades más importantes para el desarrollo económico de Ucareo. De los arrieros dependía el transporte de mercancías –sobre todo de maderas– desde el poblado hacia otros lugares, o bien, la introducción de víveres y recursos primarios para la gente del lugar.

Por si fuera poco, los arrieros influyeron en la configuración cultural que poco a poco se iba dando en la región. Las ideas, los modos de hablar, la gastronomía, la música y otros elementos más se debieron en gran parte a las influencias de estos hombres que, como dice literalmente el refrán: “arrieros eran y en el camino andaban”.

No podemos negar que el oficio de la arriería en el siglo XIX fue una actividad generalizada en todo el país. Sin embargo, Ucareo debe reconocer que mucho de lo que hoy se constituye es gracias al tráfago comercial de muchos arrieros en el pasado.

El sistema de transportación no se limitaba exclusivamente a mercancías, servía también para transportar personas en carretas, caballos, mulas o burros, donde todo era de acuerdo a la condición social y económica del transportado o del transportante.

Se sabe que en Ucareo se llegaban a formar grupos de arrieros para organizar mejor las “recuas” (grupos o filas de las vestías de carga) en el comercio de leña, vigas, tejamanil, maíz, trigo, cebada, carbón, pulque, resina (brea de pino) ó, en el mejor de los casos, frutas como la pera, el durazno y la ciruela.

De Ucareo se exportaba gran cantidad de materias primas bajo la ayuda de la arriería. Y los arrieros o carreteros de la región, de regreso a su lugar natal, importaban de los pueblos más grandes, la mercancía necesaria: abarrotes, hules y vaquetas para el calzado, royos de manta o telas para hacer la ropa, sobre todo el día 28 de agosto, que era fiesta patronal de San Agustín Obispo y el 12 de diciembre en honor santísima Virgen de Guadalupe.

Las rutas de los arrieros

Los lugares a los que principalmente se dirigían los arrieros de Ucareo eran: Salvatierra y Acámbaro, Gto. En este último lugar se ubicaba una estación de tren, a donde los ucarenses y otros lugareños trasladaban productos que irían a parar a territorios muy lejanos.

Los arrieros de Ucareo transportaban también planchones o hualdras de madera (bloques largos y gruesos), bigas, morillos, tejamanil, al pueblo de Zinapécuaro y a la ranchería de Huingo. O, en el caso de otras rutas como Maravatio y Ciudad Hidalgo, se transportaba granos para la elaboración de harinas o leña de “llarín” (ocote) para la industrialización de resistol y otros derivados.

Ocasionalmente los arrieros hacían viajes más lejanos como a Morelia, Celaya, Querétaro o ciudad de México.

Muchas de las rutas o caminos de la arriería –llamados, por lo general, como “caminos reales” – comprendían lo que ahora se constituyen carreteras federales.

¿Qué transportaban los arrieros?

Los viajes que realizaban los arrieros introducían en el pueblo de Ucareo –siempre de acuerdo a las posibilidades– nuevos conceptos gastronómicos, jergas lingüísticas, arte y diversos modales culturales. Provenientes de esta mágica mercadería podemos nombrar los adornos hogareños (vajillas, cuadros, macetas), ropa (sobre todo femenina: pañoletas, rebozos, paliacates, peinetas), que muchos de nuestros abuelos aún conservan.

Desde los tiempos del Porfiriato hasta casi mediados del siglo XIX, la arriería en Ucareo tuvo sus transformaciones y progresos. Hubo el momento en que se llegó a convertir en núcleo del transporte del lugar y de las mercaderías. Con ella se construyó entre los habitantes del pueblo una nueva forma de vida popular.

Por otra parte, debemos decir que entre los arrieros también se llegó a dar la estratificación social. La mayoría de ellos practicaban la arriería en el margen de la pobreza, pero otros tantos (sobre todo los “patrones”) lograban constituir un negocio productivo y de gran estatus social. Existían los arrieros que llevaban y traían sus propios productos con dos o tres bestias para el abastecimiento familiar, los que alquilaban recuas (muchas bestias) para fletear productos o transportar personas, o bien, los arrieros comerciantes que, con sus propias recuas, suministraban sus negocios y los de otros.

Los arrieros de Ucareo

Ciertamente se conserva memoria de algunos arrieros de Ucareo. Tan sólo por mencionar, entre algunos de aquellos que practicaban el alquiler de recuas, se haya Don Providente Jiménez (alias “el Morras”), quien se valía de bastantes empleados llamados “sabaneros” para la ejecución de sus transportes. O, entre aquellos que abastecían sus propios negocios, se encuentra José Luna Bucio, Agapito Soto, Trinidad Soto y Rafael Romero Soto, éste último llegó a ser dueño de una de las tiendas más grandes del pueblo.

Entre aquellos que, por lo regular, se dedicaron a la transportación de maderas, bigas, morillos (y abasto familiar), resalta Antonio Aguilar, Salomón Ramírez, Benjamín Olivares, Sebastián Guzmán y Alfredo Reyes, quien fue uno de los mejores trabajadores de madera a hacha y arriero carbonero.

Hubo otros tantos que trabajaron con carretas. Arrieros como Reinaldo Mendoza, “el Cuevo” (que, por cierto, sólo se conoce su apodo) y Alfredo Reyes. También se tiene noticia de Rafael Espino López, uno de los carreteros más fuertes de la región y hábil rastreador de animales y personas […].

Gracias al legado histórico de los arrieros de Ucareo sabemos que practicaban un oficio difícil pero aventurero, peligroso pero gratificador. Algunos cuentan historias sobre largos viajes en que llegaban a dormir en mesones[1], donde conocían las delicias del pan, de chiles, granos o donde disfrutaban a las reinas de los fogones que preparaban sabrosas comidas.

Definitivamente, los arrieros fueron los señores de los caminos. Supieron llevar con profesionalismo el intercambio, el transporte y la comunicación para el bienestar de la región.

Así es que ya saben: “De arrieros somos y en el camino andamos”.


[1] Por cierto, en Ucareo se encontraban dos mesones importantes de la región, donde se les daba hospedaje a las personas, alimentación a las recuas y mantenimiento a las carretas. Uno estaba ubicado en la entrada de la “Colonia Tico” y otro situado en el centro del pueblo, en un lugar hoy conocido como “Las cuatro esquinas”.