agosto 2012


Por el Historiador Alejandro Vargas Sánchez

En la exposición fotográfica la cuál titulé “La Sociedad de Ucareo Michoacán”, evento que se llevó a cabo en las instalaciones de la Biblioteca Pública Municipal de Ucareo, presentada durante el marco de la 36 edición de la Feria de la Pera, los días 29 de julio, 4 y 5 de agosto del presente año. La exhibición fotográfica refleja el arduo trabajo de un proyecto de rescate fotográfico, el cuál comencé en el mes de octubre del año 2009, mismo proyecto que ha sido muy satisfactorio, puesto que se trata del primer rescate fotográfico que se presenta en una comunidad del Estado de Michoacán, con mucho orgullo de Ucareo. Fotografías de la sociedad que ha conformado a nuestro pueblo, muestra de su desarrollo y progreso. Fotografías que son los más preciados recuerdos de nuestras familias, en ellas podemos apreciar los cambios en el vestido, los peinados, las modas, la eterna belleza de las mujeres que han florecido en estos encantos de la sierra; fotografías de desfiles, cuyos mudos testigos siguen en pie sintiendo la ausencia de sus hijos, la tristeza de sus calles, de lo que en décadas pasadas Ucareo gozó la dicha de ser uno de los pueblos más grandes de Michoacán.

Fotografías de acontecimientos relevantes como el estreno del monumento al Centenario de Independencia, bodas, visitas presidenciales, o simplemente retratos que fueron tomados en días significativos, mismos que son reflejados en las miradas de nuestros antepasados, sin decir más, son fotografías que van relatando en sus diferentes épocas la grandeza del pueblo de Ucareo, que gracias a la fotografía tenemos un acercamiento al pasado para valorar, recordar y resguardar la memoria histórica colectiva de nuestra sociedad.

Con los objetivos de este proyecto, sin fines de lucro, tomo en cuenta mi papel como historiador y como ser humano, en donde pretendo rescatar y resguardar parte de la historia de nuestro pueblo por medio de documentos, fotografías y fuentes orales. Acercar a los niños y jóvenes a que conozcan y valoren la historia de su pueblo, que aprendan por medio de la fotografía lecciones de historia, vincular el pasado histórico de Ucareo con el contexto que se vivió en México durante cada etapa de los diferentes años en que se tomaron las fotografías y con ello entender el porqué el contenido y las descripciones de las fotografías. De igual manera, los adultos recordarán a familiares, amigos y retornaran en un apasionado viaje a través del tiempo, en donde les lloverán recuerdos de las distintas etapas de su vida.

Para finalizar con este interesante artículo, el rescate fotográfico, proyecto que se presenta cada año a través de exposiciones fotográficas, durante el marco de la Feria de la Pera, esta presente la historia de Ucareo y la de  sus familias, mismo evento que le da un mayor realce histórico y cultural al municipio de Zinapécuaro y al Estado de Michoacán, siendo un ejemplo para que las demás poblaciones interesadas en rescatar sus recuerdos, no duden en iniciar con un proyecto tan noble cómo este, sin olvidar los valores, principios y fundamentos que nos han heredado nuestros antepasados y saber darle  valor histórico a las fotografías.

 

Agradecemos a Alejandro Vargas por su participación en los eventos de índole cultural y social de nuestro pueblo Ucareo. Además le animamos para que siga profundizando y difundiendo la historia que nos corresponde.

(Atte. Administradores del Blog de Ucareo)

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La migración o el hecho de migrar es la acción de pasar de un país a otro para establecerse en él; desplazamiento geográfico de individuos o grupos, generalmente por causas económicas y sociales. En un sentido amplio, todo ser humano es migrante; todos sin excepción tenemos la experiencia de desplazamiento; unos más, otros menos, pero todos sabemos lo que significa dejar un lugar –aunque momentáneamente–, separarnos de esos seres queridos, encontrarnos en situaciones y tierras nuevas, con personas diferentes. Esta experiencia pertenece al patrimonio de la humanidad. En este sentido, comprendemos que cuando nos referimos a la “migración” nos estamos refiriendo, en sentido amplio, a la movilidad humana.

El fenómeno de la migración

La migración se expresa principalmente en el que se va (presionado por las circunstancias o por su misma voluntad) –emigración– y el que llega –inmigración–. En general, podemos decir que emigran los necesitados y, dentro de éstos, los que pueden hacerlo.

Los que emigran tienen, consciente o inconscientemente, la necesidad de una relación con tres tipos de personas: con los que los esperan en el lugar a donde se dirigen, los que dejan en el lugar de donde parten y los que, por las circunstancia y albures de la vida, se encuentran en el camino y la aventura.

Quienes emigran tienen, por lo regular, un profundo sentimiento de esperanza; su movilidad la hacen por necesidad y no siempre por el puro gusto. La búsqueda del “sueño americano” tiene detrás la seguridad o ilusión de que existe un espacio que puede ofrecerles algo mejor que lo que tienen en su país de origen. La necesidad que los expulsa se combina con la esperanza de trabajo para pagar las deudas, comer, ofrecerles mejorías a los hijos y a la esposa, a los papás, a la novia y hasta poder hacer un ahorro.

La gran utopía no depende, generalmente, de los brazos abiertos de los extraños sino de la solidaridad de los propios, de los paisanos. Pues en tierra extraña, la familia es más familia, los paisanos más paisanos; la reconstrucción de lo conocido, de lo extrañado, de lo que está por venir, es más devocional y hasta con una fuerte carga espiritual. Por eso, cada detención y acto discriminatorio no son problemas irrelevantes; son golpes bajos al sueño, a la utopía, a la búsqueda de felicidad.

Por lo regular hay una imagen demasiado exaltada de la migración a los Estados Unidos que se manifiesta en las ideas ilusorias de “barrer” dólares y tener un acceso rápido al mundo de la comodidad y al gasto despreocupado. Esto ha facilitado que la migración se presente como cambio de estatus en la que la posesión de bienes es la prueba mayor del éxito. Automáticamente –y con mucha seguridad sin mala intensión– se genera un contraste que evidencia la mejoría económica de quienes emigraron y la derrota de muchos que permanecieron en el país entre historias de descuentos, fracasos y tragedias.

El ilegal

Por lo regular, la mayoría de los que se van a los Estados Unidos lo hacen de manera ilegal. La característica más evidente de tal hecho es el común sentir, la experiencia del fenómeno de “intrusos” en los ambientes estadounidenses. En los discursos oficiales parece tenerse claro que el hecho de “estar sin papeles” significa ser ilegal. Una situación que, en su gravedad para el indocumentado, se empeora en el momento en que es víctima del racismo prevalente.

Cuando el emigrante vuelve

Al que se va para “el otro lado” usualmente le quedan las intensiones de regresar a su tierra natal; sin embargo, los regresos no deben implicar simplicidad: el mojado siempre tiene la intensión de volver como “triunfador”.

Los emigrantes no se van para siempre; o al menos no reconocen el desarraigo total. A pesar de que muchos logran obtener un buen trabajo, casa, propiedades y hasta ciudadanía… siempre se reservan la intención de volver a su terruño. Para ellos es como una obligación moral pensar en el retorno.

A este sentimiento de volver al lugar de origen se une el deseo de morir o hacerse viejo en el lugar menos extraño que el suelo de otro país; para mucha gente una desgracia que se une a la de la muerte es precisamente la de morir en suelo extraño. Quizás es el miedo a no ser recordado, a que con la muerte no sólo se acabe el cuerpo sino la historia, el recuerdo y la memoria.

Los deportados

Dentro del grupo de migrantes que regresan a la tierra natal existe una categoría de los llamados “deportados”. Aunque en algunos aspectos el grupo coincide con los emigrantes, los deportados poseen tres peculiaridades: son llevados (o regresados) a la fuerza, son desterrados; se encuentran en medio de extrañeza por parte de los locales; y, por lo regular, son víctimas de algún atropello moral y físico.

El destierro, el desarraigo sea de la propia tierra o del lugar al que apenas se ha llegado, provoca un sentimiento de impotencia, resentimiento, coraje… Cuando se destierra del propio lugar por causas políticas no sólo se atenta contra la persona, sino también contra las instituciones, en el sentido de que se cortan o rechazan tradiciones, costumbres y principios.

Cuando se destierra del lugar al que se ha llegado se rompen las esperanzas y las posibilidades de una nueva vida, incluso se llega al grado de dificultar el retorno libre de determinaciones.

Los que se quedan

Los millones que emigran tienen su correspondiente en millones que se quedan en los lugares de origen. Quienes ven partir a los que se van “pa’l otro lado” son los quedados y las quedadas migratorios. A éstos se les distingue en dos tipos: los que comparten el sueño del que se fue y los que están en contra de que se haya marchado el ser querido.

Los que comparten el sueño de los que se marchan, no sólo alientan a los migrantes, sino que además entran en sus planes la aventura del “Norte”: lo que usualmente se llega a constituir tradición familiar.

Por lo regular, la migración produce en las familias la experiencia de la desintegración humana; necesariamente el que se va deja a alguien, y el que se queda tiene la sensación de haber sido abandonado. Son situaciones en las que se vive en carne propia la soledad, la necesidad económica y la ansiedad por el resguardo de la fidelidad, especialmente en los lazos conyugales.

La responsabilidad del migrante

Los migrantes no sólo tienen derechos, también tienen responsabilidades. Las actitudes de respeto, convivencia, fraternidad, encuentro… que esperan de quienes los reciben, son al propio tiempo una responsabilidad inmediata de los que llegan. Los recién llegados a una tierra extraña deben convertirse en sujetos de derechos y responsabilidades u obligaciones.

La experiencia de vivir como extranjeros y forasteros es una oportunidad y un desafío, a pesar de las limitaciones que esto conlleva. El extranjero tiene la responsabilidad de mantenerse, a pesar de las situaciones adversas, como una alternativa en el comportamiento, de tal manera que logre suscitar una buena conducta.

La palabra “Ucareo” tiene varios significados en la lengua tarasca, uno de ellos es “hucarani”, que quiere decir “lugar donde se fructifican los árboles”, otro significado es “donde hay muchos nogales y tejocotes”. Este pueblo data desde la época prehispánica y sus primeros pobladores se asentaron en sus montes principalmente para trabajar la obsidiana, una piedra que abunda en este pueblo y sus alrededores la cual era labrada y utilizada como cuchillos, navajas, ornamentos, aretes y puntas de proyectil que se utilizaban para la guerra. Exactamente no se sabe quienes fueron sus primeros pobladores, ya que era una región cosmopolita, aparte de ser paso para las grandes peregrinaciones que se realizaban en el pueblo de Araró, donde se llevaban a cabo grandes sacrificios en masa y se veneraban a las deidades tarascas. Los grupos étnicos que predominaban en esta región eran los mazahuas, otomíes y tarascos. En el siglo XV los tarascos conquistaron el pueblo de Ucareo para establecer un señorío, en donde se avecindaron a las personas más belicosas y dispuestas a la guerra de todo el imperio Tarasco, ya que los montes de Ucareo servían para vigilar la frontera con el imperio Mexica y así prepararse para las posibles invasiones.

En el siglo XVI, tras la llegada de los españoles a los pueblos de Acámbaro y Taximaroa el pueblo de Ucareo quedó teóricamente conquistado, por lo que se estableció una encomienda. El primer comendador fue Gonzalo de Holguín, seguido por Juan Bezos y al término de las dos encomiendas en 1531 paso a formar parte de la Corona Española. Los primeros evangelizadores fueron los franciscanos, seguidos por los agustinos, quienes decidieron establecerse en el pueblo para construir un convento  dedicado a San Agustín de Hipona. El encargado de construir el convento en el año de 1554 fue Fray Juan de Utrera, el cual lo terminó en poco menos de un año, por lo que ya estaba listo para el año de 1555 y el templo se levantó en el año de 1602 por Fray Gregorio Rodríguez. Los indios se bautizaban en cuatro fechas principalmente: en la Pascua, Pentecostés, el día de San Agustín (28 de agosto) y en Navidad; para estos días de fiesta se arreglaban las calles del pueblo; el interior del templo se abarrotaba de fieles y en el atrio se hacía la procesión con el Santísimo.

La principal actividad económica durante la Colonia consistió en el corte de maderas que se vendían a otras ciudades de la Nueva España, por lo que se le conocía a los montes de Ucareo como “la fortuna del monte” o “la mina del fraile”, debido a que a cambio de las maderas que eran de gran calidad recibían oro y plata de las minas de Guanajuato y Zacatecas. Los frailes trajeron árboles frutales de España mediante la insersión de púas de perales, manzanos, ciruelos, duraznos y nuez de castilla ya que eran propicios para que crecieran en abundancia por el clima frío de la región. Durante este periodo en todo el mundo se vivió un cambio climático muy frío, por lo que el pueblo de Ucareo era escenario de constantes nevadas y aunado a esto sus hermosos paisajes naturales de pinos y sus cristalinas lagunas los frailes describían en sus crónicas al pueblo como a “la Suiza mexicana”.

En el siglo XVIII, después de que el conjunto conventual fue asolado por un gran incendio, se llevó a cabo la secularización de su doctrina, provocando la huída de los frailes. La cabecera parroquial se mudó al pueblo de Tziriztícuaro y es hasta el siglo XIX cuando nuevamente el templo de Ucareo se eleva al rango de Parroquia, por lo que quedan sujetos los pueblos de Santa Ana Jeráhuaro, Buenavista de San Miguel, Santiago Puriatzícuaro, San Ildefonso, Huajúmbaro de Guadalupe, Bucio, El Sauz, El Salto y San Joaquín Jaripeo. También en lo político, una vez finalizada la guerra de Independencia, el pueblo de Ucareo obtuvo el título de cabecera municipal.

Posteriormente dejó de hablarse en este pueblo el idioma tarasco, ya solamente se hablaba el español y con la llegada de familias provenientes de España y Francia comenzaron a cambiar las costumbres y tradiciones indígenas, aunque la música sacra y los cantos religiosos, legado que habían dejado los frailes agustinos, seguían su curso en el coro del templo. Según las estadísticas del año de 1862 el pueblo contaba con 2,200 vecinos, dos mesones, poco comercio, una escuela de niños, la mayoría de las casas eran de madera (trojes)  y el curato era atendido por un sacerdote y un vicario. Las principales fuentes de trabajo se encontraban en las famosas haciendas de “El Sauz” y “San Joaquín Jaripeo”, esta última la más importante, ya que contaba con grandes extensiones de tierras con bosques por lo que su principal actividad eran los aserraderos y el acarreo de maderas de los montes a las galeras de la hacienda y de ahí, por medio de vagones, se llevaba la madera hasta la estación de Huingo, ubicada a escasos kilómetros de la villa de Zinapécuaro de Figueroa. La vida en el pueblo era pacífica y tranquila, la gente dedicada a las labores del campo, al igual que habitaban  en el pueblo varias familias adineradas, de las que los domingos las mujeres de la alta sociedad se hacían notar dando un paseo por la plazuela o subiéndose a su carruaje con rumbo a las villas de Acámbaro y Maravatío para comprar joyas, vestidos, alhajas u otros artículos.

A finales del siglo XIX Ucareo contaba con varios comercios de índole citadina como “La Botica La Salud”, “El Zapatero del Portal”, “El Centro Mercantil de Maravatío”, “El Mesón de Las Cuatro Esquinas” y las tiendas “La Paloma”, “El Privilegio del Monte”, entre otras. Dejó de ser cabecera municipal en el año de 1893 debido a que estaba muy mal organizado el municipio y por tener problemas con la tenencia de Jeráhuaro, quedando así el pueblo de Ucareo sujeto a Zinapécuaro hasta la fecha. El 15 de septiembre de 1910 se estrenó en la plazuela un monumento en honor a Miguel Hidalgo y Costilla con motivo del Centenario de la Independencia de México.

Durante el periodo de la guerra de Revolución Mexicana el pueblo de Ucareo sufrió toda clase de robos, saqueos y muertes, debido a que llegaron a la región grupos villistas que tenían el fin de atemorizar a la población para que les abastecieran de víveres y dinero. Las consecuencias del bandolerismo fueron trágicas y casi estuvo a punto de desaparecer el pueblo porque ya era insoportable seguir viviendo en un lugar donde casi diario se cometían crímenes y asaltos, por lo que en 1916 solamente alrededor de cien personas habitaban en el pueblo después de que había tenido una población de casi 4,000 habitantes. La paz llegó a la región hasta finales de 1919, pero no obstante en los siguientes años con la Guerra Cristera y la lucha por la repartición de las tierras de la “Hacienda de San Joaquín Jaripeo” se derramó mucha sangre en el pueblo de Ucareo hasta que el Presidente Lazáro Cárdenas intervino, ayudando a que  las personas que lucharon por las tierras se organizaran en al ámbito de propiedad y trabajo, de lo cual resultó el “Ejido de Ucareo”.

Finalmente, con la llegada del Cura Fidel Cortés en 1944, se comenzó el mejoramiento de obras y beneficios para las familias del pueblo. El insigne sacerdote unificó a sus habitantes, buscó personas que enseñaran a las amas de casa a aprovechar las frutas de las huertas haciendo almibares, frutas en conservas, licores, mermeladas y ates, de igual manera impulsó la economía con el aprovechamiento de la tierra mediante la implantación de huertos y comercialización de frutas. A principios de la década de 1970, por iniciativa de un grupo de ucarenses se decidió crear una feria frutícola que diera a conocer el trabajo de los fruticultores, impulsar la economía en la región y ofrecer al mundo los productos de Ucareo. Fue así que en el año de 1976 el gobierno del Estado de Michoacán aprobó la llamada “Feria de la Pera”, celebrada por lo regular en los últimos días del mes de julio, coincidiendo con la temporada de las peras.

La Feria de La Pera en este año 2012 llega a su edición número 36 y sigue dando a conocer al pueblo de Ucareo por su potencial frutícola, la calidad de sus productos, sus paisajes, el conjunto conventual agustino y por sus bellas mujeres que son representadas cada año durante el mismo evento.

Fuente:

http://feriadelapera.wix.com