Sergio Núñez Soto

ucar2Hablar del agua potable de Ucareo es remontarse a los principios de la llegada de los agustinos al pueblo, pues como es sabido, desde el periodo colonial era difícil acceder al vital líquido. El aljibe del ex-convento de San Agustín es una muestra de los proyectos llevados a cabo por los monjes para solucionar la carencia de agua en aquella época. En sus crónicas, Diego de Basalanque señala lo siguiente: “Ucareo no tiene arriba aguas, aunque abajo hace ríos hacia Zinapécuaro, Santa Clara y otras fuentes, y por esto su habitación es desabrida, por estar entre árboles y un sitio seco”.

cardenasEn 1937 el señor Efrén Farfán solicitó al general Lázaro Cárdenas (entonces presiente de la República Mexicana), de quién era colaborador cercano, la introducción del agua potable a Ucareo. Como resultado de esa gestión, el ingeniero Apolinar Hernández vino a Ucareo a estudiar las posibilidades. Derivado de sus observaciones presentó el Estudio Hidráulico de la Región de Ucareo. En el inventario de los manantiales de Ucareo se incluye el de San Ignacio, La Peñita, Donde Nace Agua, El Pino, Arroyo de la Bolsa, Jacuarillo, Manantiales de Jeráhuaro, Agua Fría y Manantiales Calientes. Algunos de estos manantiales ya no existen y el de San Ignacio que está prácticamente dentro del pueblo está en proceso de ser cubierto con tierra y basura.

Apolinar reflexionó sobre la escasez del agua en los alrededores del pueblo e informó sobre la existencia de varios pozos: dos en el barrio de la Cruz del Molino y otro en el centro del pueblo. En sus conclusiones, el ingeniero propuso lo siguiente:

  1.  Como medida provisional se debe perforar un pozo por el rumbo de la Cruz del Molino.
  2.  Es factible conducir el agua del manantial conocido como El Agua Escondida a Ucareo mediante el aprovechamiento de la gravedad, aunque esta acción resulta sumamente costosa.
  3.  Aconsejó la conservación de los bosques de la Sierra de Ucareo, así como la reforestación de sus alrededores.
  4.  Sugirió evitar la profundización de las barrancas que bajan de Ucareo.

ucaraEstos fueron los principales puntos que resultaron de la investigación hecha por el ingeniero Apolinar. Sin embargo, de los estudios no se derivó ninguna acción concreta. No obstante, el estudio permaneció como una obra maestra de la región, porque sus diagnósticos fueron los correctos.

En 1943 el gobierno del Estado inició los trabajos de perforación de un pozo artesano en el Puente de Tierra y otro en El Charco. No se tuvo éxito en esta empresa. Fue hasta finales de los años cuarenta que se iniciaron los trabajos de la introducción del agua potable al pueblo. La comisión para tal efecto estuvo compuesta por Salvador Ayala como presidente y Carlos Soto Suárez como tesorero, quienes junto con el pueblo trabajaron sin descanso para construir el ducto desde Las Canoítas y el Agua Escondida hasta el depósito que se construyó cerca del atrio, en dirección noroeste.

Todo el pueblo de Ucareo trabajó sin descanso con los técnicos de la Secretaría de Recursos Hidráulicos en la construcción de las edificaciones de los manantiales de origen para proteger el agua que serviría para suministro de Ucareo, así como en la colocación de los tubos para conformar el ducto que conduciría el agua hacia el pueblo (incluyendo el depósito y la red de distribución dentro del pueblo). Dicha red en el interior del pueblo sigue siendo la misma que se construyó en 1953 y sería muy importante a estas alturas de la historia revisarla para grarantizar su funcionamiento.

En este periodo era común ver a grupos de mujeres cargando tubos para la construcción del ducto en diferentes tramos. Con frecuencia Ramón Bucio transportaba a estos grupos de mujeres al sitio donde se requerían tubos. Sarita Mendoza era la organizadora de estas labores.

Para la distribución del agua se instalaron llaves en las esquinas. Había, por ejemplo, una en La Novedad, otra en las Cuatro Esquinas, otra en la esquina de la Calle Nacional y la Calle Blanca, y así se fueron dotando del precioso líquido a los diferentes barrios del pueblo… Una vez normalizado el servicio, se fueron conectando tuberías a casas particulares.

La inauguración de todo el sistema se llevó a cabo el 17 de febrero de 1954. Esta fecha debe ser recordada por los ucarenses como la que marcó para siempre el inicio de una nueva etapa: por fin se terminó la penosa tarea de ir a buscar el líquido a manantiales alejados; por fin se terminó las idas a lavar ropa a ríos y a manantiales.

ucarrEn 1985, siendo presidente municipal Daniel González y jefe de tenencia Rafael Soto, se rehabilitó el sistema de abastecimiento de agua y se incorporaron nuevos manantiales en la red agua fría. Esta acción se inauguró el 16 de junio de 1985, con la colaboración decidida de los habitantes del pueblo.

Nota: Al día de hoy los resultados de la investigación del ingeniero Apolinar son válidos: urge la preservación de los árboles en la sierra, la reforestación y la lucha en contra de la erosión de los suelos.

Recuérdese, además, que el agua potable de Ucareo proviene precisamente de la parte de la Sierra propuesta por este ingeniero.

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losa y frente

pero no la piedra,

tu cimiento o tu prestigio

que el nombre

impuesto un día

hoy ya es historia…

(Anónimo)

El primer periodo de evangelización en América continental se puede describir en varias líneas. A la llegada de los conquistadores en 1519 se encontraron sobre el suelo de norte y centro América dos grandes civilizaciones: la mexica en México y la maya en la península de Yucatán.

Los primeros franciscanos flamencos (entre los cuales estaba Fr. Pedro de Gante) que llegaron a México en 1523 fueron llamados «Doce Apóstoles». En efecto, la actitud de estos apóstoles se puso en contraposición con la de los conquistadores. Entre tanto, será hasta 1526 que llegan a México los dominicos; después, en 1533, los agustinos. En 1572 fue el turno de los jesuitas, quienes habrían tratado de abrir un campo de evangelización en La Florida (1566-1572). En 1585 llegaron los carmelitas descalzos, seguidos por los juaninos en 1603.

 

Métodos de evangelización

La acción de los misioneros comenzó con la destrucción de la idolatría. La estrategia adoptada fue la de la “tabula rasa”, que partía de un juicio de la idolatría considerada generadora de todos males como el incesto, los sacrificios humanos, la sodomía, el canibalismo, la embriaguez, etc.

Los evangelizadores trataron de evitar todo sincretismo y juzgaron como ilusiones diabólicas algunas ceremonias que podían provocar en los indios una letal confusión.

Sin embargo, en su primer contacto con un ambiente completamente nuevo, los misioneros demostraron una gran capacidad de diálogo y un profundo respeto por los interlocutores. Eligieron, de hecho, un estilo opuesto al del requerimiento, con un tono y cortesía sorprendentes.

Los frailes comenzaron a aprender las lenguas indígenas, gracias a la ayuda de los niños. Fue una tarea ardua, dado que las lenguas habladas en México eran no menos de 40. De tal modo que prepararon gramáticas, diccionarios, y dotaron de carácter alfabético lenguas que no poseían escritura.

Los indígenas no llegaban al bautismo sin una buena formación catequística; para ello fueron elaborados instrumentos adaptados a la población como la Doctrina y la Cartilla, los Catecismos y las Doctrinas Cristianas, etc.

Para formar a los nuevos cristianos y hasta una clase pensante, los misioneros instituyeron escuelas y colegios. Ante el mayor obstáculo para la misión, que eran los propios españoles, se fueron convenciendo que la Iglesia indiana tenía una misión providencial, como protagonista de un nuevo éxodo. La nación india debía tener sus propias ciudades, justicia, leyes, episcopado y cultura.

 

Principales problemas de la evangelización

La Corona, temiendo que en México se creara una lengua común, que automáticamente hubiera excluido a los españoles, en 1550 ordenó que se enseñara en las escuelas la lengua castellana. En el I Concilio Provincial Mexicano (1555) se decidió no permitir a los indios poseer textos de la Escritura en lengua vulgar.

El primitivo favor hacia los franciscanos comenzó con el tiempo a cambiarse en rigor y sospecha. Comenzaba la época del control del Patronato.

Se preparaba el final de un grande sueño, mientras se vislumbran las grandes desgracias que llevaron a una considerable disminución de la población indígena: de los 16 millones de indígenas en los años treinta, se descendió a la mitad quince años después, para llegar a sólo un millón a principios del siglo XVII. La culpa de tal disminución no fue de los conquistadores sino de la difusión de virus desconocidos, a los cuales los indígenas no resistieron.

 

Una variedad de evangelizadores

En 1559 los franciscanos tenían en México 80 conventos y 380 frailes, con el centro de México, Michoacán, la Nueva Galicia, Yucatán y Guatemala como principales zona de actividad; los dominicos 40 conventos y 210 frailes establecidos sobre todo en el centro de México, en la zona zapoteco-mixteca (Oaxaca), en el istmo de Tehuantepec, Chiapas y Guatemala; los agustinos 40 conventos y 212 frailes en conventos particularmente bien construidos y distribuidos en el sur del centro de México, Michoacán y noreste de la Ciudad de méxico hasta la Huaxteca. Pronto, sin embargo, comenzó a venir a menos el fervor misionero. Las diócesis comenzaron a tomar forma; se constituyeron capítulos, las parroquias-doctrinas sustituyeron a las redes de conventos rurales.

Surgieron las primeras universidades, con el fin de preparar a las clases dirigentes del futuro: Santo Domingo (1538); San Marcos de Lima (1551); México (1551); Bogotá (1580); Nuestra Señora del Rosario en Santiago de Chile (1619).

 

Historia de México

La conquista de América

 

Entre 1492 y la primera mitad del 1500 fueron descubiertas y conquistadas las Antillas, América central y meridional, California y Texas.

La conquista había partido de Santo Domingo, entonces llamada La Española, donde fue erigida la primera Audiencia (1510).

En 1519 comenzó la invasión de lo que fue llamada la Nueva España, por obra de Hernán Cortés (+1547), quien con la política de «divide y vencerás» logró abatir el reino mexica.Una vez conquistado, este territorio se convirtió a su vez en el punto de partida de las conquistas que condujeron a la sumisión de los pueblos sedentarios que vivían en Mesomérica, más allá de los límites del antiguo imperio mexica: al noreste la zona Huasteca de Pánuco (1521-1523); al oeste, el reino tarasco de Michoacán (1522); al noroeste la región de Jalisco, llamada Nueva Galicia (1530-1532); al sureste la zona zapoteca-mixteca de la región de Oaxaca y del istmo de Tehuantepec (1521-24); posteriormente la altas tierras mayas-quiché de Chiapas y Guatemala (1523-31), la zona maya de la península de Yucatán (1527-44) y Honduras (1524-26, aunque definitivamente pacificado en 1537).

Se puede considerar así que en 1532 toda Mesomérica, habitada por oblaciones sedentarias estaban bajo el control de los peninsulares, excepción hecha de algunos territorios internos de Yucatán y Tezulutlán (que se convertirá después en Verapaz), la impenetrable tierra tropical del Petén, en el norte de Guatemala y algunas zonas pobladas por indígenas recolectores de la América central.

Fue una conquista guiada por un doble ideal, sintetizado muy bien en la frase de Lope de Vega: «Al Rey infinitas tierras y a Dios infinitas almas».

Sobre el significado de la conquista de América se confrontan diversas lecturas: la primera es la leyenda negra. El iniciador fue Bartolomé de Las Casas, un hombre complejo. El dominico, que partía de la concepción que excluía la evangelización realizada mediante la espada y la sumisión a los príncipes cristianos, llegó a condenar la conquista española como una gran usurpación. En esta leyenda Colón fue retratado como eurocéntrico, sexista, y los españoles como intolerantes, explotadores, esclavistas, superficiales.

La segunda lectura se puede definir Hispanista. Esta exalta la obra de España. Se pone de relieve, a diferencia de la expansión colonial de otras potencias como Inglaterra, una expansión guiada no sólo por razones comerciales. España no actuó sólo con una política de genocidio, porque de la mezcla entre europeos e indígenas nació una entidad nueva, un nuevo pueblo. La colonización española, en efecto, fue la única que originó nueva raza: la mestiza.

Una tercera lectura ha juzgado la realidad latinoamericana como si hubiera nacido de la opresión; la Iglesia queriendo dominar instauró un régimen de dominio en Europa y de esclavitud en América. La evangelización debió haber sido anticolonialista, pero fue eurocéntrica, colonialista, destructora de las culturas indígenas.

 

La Corona española

 

Los Reyes Católicos recibieron, en virtud de las bulas alejandrinas, la doble concesión de conquistar y evangelizar. Esto aseguraba, por tanto: a) el derecho de conquista y la legítima posesión de las tierras por parte de la Corona; b) el derecho de Patronato de la Corona sobre la Iglesia en las nuevas tierras.

El segundo derecho (Patronato) comportaba el compromiso de los soberanos de crear las estructuras de la Iglesia y de hacerlas funcionar. La Corona se empeñó desde la segunda expedición mandado a un sacerdote, el mínimo Bernardo Boyl (Buil) y ordenando que se hiciese cuanto era posible para la conversión de los nativos.

Los soberanos dieron instrucción para que no pasaran al Nuevo Mundo personas sospechosas en cuanto a la fe (moros, herejes, hebreos, reconciliados por la Inquisición). Además, se prescribió que los cambios de costumbres se realizaran gradualmente sin escandalizar ni maltratar a los naturales.

Pronto se cayó en la cuenta que los indígenas tenían costumbres diferentes (desnudos en las Antillas), que no eran tiernos ni maleables (la palabra «caníbal» parece que fue acuñada por Colón), que reaccionaban en defensa de tierras y riquezas; por su parte, algunos de los colonizadores se plantearon el problema de si eran racionales.

El dominico Antonio de Montesinos en el Adviento de 1511 comenzó a predicar a los colonos, echándoles en cara la opresión de los indígenas.

Los dominicos, obtuvieron del rey Fernando que fueran promulgadas leyes en favor de los indios (Leyes de Burgos de 1512). En éstas se afirmaba: los indios son libres; deben ser educados en la fe católica; los reyes pueden ordenar que trabajen, con tal que reciban un salario; los trabajos deben ser proporcionados a su constitución física; no se les pueden quitar sus horas de descanso; deben tener casa y un pequeño terreno propio.

Cuando en 1504 Julio II creó, por iniciativa propia, tres diócesis, el rey no quiso aceptar esta decisión, en cuanto se desconocía el derecho de Patronato. El papa tuvo que ceder.

Para favorecer la colonización había sido inventado un sistema práctico, el de las encomiendas. Las tierras eran cedidas en usufructo a los colonos («encomenderos») que tenían el derecho de cobrar tributos, de exigir prestaciones de trabajo, a cambio de la protección y de la instrucción religiosa. Este sistema fue introducido por Colón en 1499 y, no obstante bastantes inconvenientes, fue mantenido. Esto desde el punto de vista práctico.

Desde el punto de vista teórico, la sociedad española se puso la pregunta sobre los títulos de conquista de las Indias. Las soluciones propuestas fueron sustancialmente dos: para algunos, los soberanos españoles podían legítimamente ocupar las nuevas tierras sobre la base de los siguientes motivos: a) la bulas de Alejandro VI son una legítima donación de las nuevas tierras, sobre la base del poder directo del papa in temporalibus; b) las tierras son res nullius; c) el derecho de propiedad de los indios es imperfecto en cuanto son idólatras.

De esta solución derivó aquél curioso documento que es el Requerimiento, redactado probablemente por Fernández de Enciso. Es un texto que se leía antes de toda expedición, en el cual los conquistadores proclamaban que el papa había donado estas tierras y que se les debía someter a la Iglesia y al rey de España. Después era posible agredir a los indios, quienes no habían entendido nada. Esto permaneció en vigor hasta 1542.

La segunda solución vino de Las Casas y Francisco de Vitoria (1492-1546). Vitoria puso de relieve que el papa no era dominus orbis y tampoco el emperador Carlos V. El requerimiento era, por tanto, injusto; a los indios no se les podía hacer la guerra, aún si no reconocían la soberanía del papa o de Carlos V, y no podían ser privados de sus bienes. Lo que habían concedido las bulas alejandrinas era sólo el derecho de predicar el Evangelio y el deber de proteger a los indios que se hubieran voluntariamente convertido. La deposición de los príncipes indígenas y la guerra eran lícitas únicamente en los casos en que fuese obstaculizada la predicación o los cristianos fueran perseguidos a mano armada. Sólo si los indios se hubieran convertido en masa era posible que el papa pudiera deponer al príncipe infiel y poner en su lugar uno cristiano.

 

Por el Historiador Alejandro Vargas Sánchez

En la exposición fotográfica la cuál titulé “La Sociedad de Ucareo Michoacán”, evento que se llevó a cabo en las instalaciones de la Biblioteca Pública Municipal de Ucareo, presentada durante el marco de la 36 edición de la Feria de la Pera, los días 29 de julio, 4 y 5 de agosto del presente año. La exhibición fotográfica refleja el arduo trabajo de un proyecto de rescate fotográfico, el cuál comencé en el mes de octubre del año 2009, mismo proyecto que ha sido muy satisfactorio, puesto que se trata del primer rescate fotográfico que se presenta en una comunidad del Estado de Michoacán, con mucho orgullo de Ucareo. Fotografías de la sociedad que ha conformado a nuestro pueblo, muestra de su desarrollo y progreso. Fotografías que son los más preciados recuerdos de nuestras familias, en ellas podemos apreciar los cambios en el vestido, los peinados, las modas, la eterna belleza de las mujeres que han florecido en estos encantos de la sierra; fotografías de desfiles, cuyos mudos testigos siguen en pie sintiendo la ausencia de sus hijos, la tristeza de sus calles, de lo que en décadas pasadas Ucareo gozó la dicha de ser uno de los pueblos más grandes de Michoacán.

Fotografías de acontecimientos relevantes como el estreno del monumento al Centenario de Independencia, bodas, visitas presidenciales, o simplemente retratos que fueron tomados en días significativos, mismos que son reflejados en las miradas de nuestros antepasados, sin decir más, son fotografías que van relatando en sus diferentes épocas la grandeza del pueblo de Ucareo, que gracias a la fotografía tenemos un acercamiento al pasado para valorar, recordar y resguardar la memoria histórica colectiva de nuestra sociedad.

Con los objetivos de este proyecto, sin fines de lucro, tomo en cuenta mi papel como historiador y como ser humano, en donde pretendo rescatar y resguardar parte de la historia de nuestro pueblo por medio de documentos, fotografías y fuentes orales. Acercar a los niños y jóvenes a que conozcan y valoren la historia de su pueblo, que aprendan por medio de la fotografía lecciones de historia, vincular el pasado histórico de Ucareo con el contexto que se vivió en México durante cada etapa de los diferentes años en que se tomaron las fotografías y con ello entender el porqué el contenido y las descripciones de las fotografías. De igual manera, los adultos recordarán a familiares, amigos y retornaran en un apasionado viaje a través del tiempo, en donde les lloverán recuerdos de las distintas etapas de su vida.

Para finalizar con este interesante artículo, el rescate fotográfico, proyecto que se presenta cada año a través de exposiciones fotográficas, durante el marco de la Feria de la Pera, esta presente la historia de Ucareo y la de  sus familias, mismo evento que le da un mayor realce histórico y cultural al municipio de Zinapécuaro y al Estado de Michoacán, siendo un ejemplo para que las demás poblaciones interesadas en rescatar sus recuerdos, no duden en iniciar con un proyecto tan noble cómo este, sin olvidar los valores, principios y fundamentos que nos han heredado nuestros antepasados y saber darle  valor histórico a las fotografías.

 

Agradecemos a Alejandro Vargas por su participación en los eventos de índole cultural y social de nuestro pueblo Ucareo. Además le animamos para que siga profundizando y difundiendo la historia que nos corresponde.

(Atte. Administradores del Blog de Ucareo)

La migración o el hecho de migrar es la acción de pasar de un país a otro para establecerse en él; desplazamiento geográfico de individuos o grupos, generalmente por causas económicas y sociales. En un sentido amplio, todo ser humano es migrante; todos sin excepción tenemos la experiencia de desplazamiento; unos más, otros menos, pero todos sabemos lo que significa dejar un lugar –aunque momentáneamente–, separarnos de esos seres queridos, encontrarnos en situaciones y tierras nuevas, con personas diferentes. Esta experiencia pertenece al patrimonio de la humanidad. En este sentido, comprendemos que cuando nos referimos a la “migración” nos estamos refiriendo, en sentido amplio, a la movilidad humana.

El fenómeno de la migración

La migración se expresa principalmente en el que se va (presionado por las circunstancias o por su misma voluntad) –emigración– y el que llega –inmigración–. En general, podemos decir que emigran los necesitados y, dentro de éstos, los que pueden hacerlo.

Los que emigran tienen, consciente o inconscientemente, la necesidad de una relación con tres tipos de personas: con los que los esperan en el lugar a donde se dirigen, los que dejan en el lugar de donde parten y los que, por las circunstancia y albures de la vida, se encuentran en el camino y la aventura.

Quienes emigran tienen, por lo regular, un profundo sentimiento de esperanza; su movilidad la hacen por necesidad y no siempre por el puro gusto. La búsqueda del “sueño americano” tiene detrás la seguridad o ilusión de que existe un espacio que puede ofrecerles algo mejor que lo que tienen en su país de origen. La necesidad que los expulsa se combina con la esperanza de trabajo para pagar las deudas, comer, ofrecerles mejorías a los hijos y a la esposa, a los papás, a la novia y hasta poder hacer un ahorro.

La gran utopía no depende, generalmente, de los brazos abiertos de los extraños sino de la solidaridad de los propios, de los paisanos. Pues en tierra extraña, la familia es más familia, los paisanos más paisanos; la reconstrucción de lo conocido, de lo extrañado, de lo que está por venir, es más devocional y hasta con una fuerte carga espiritual. Por eso, cada detención y acto discriminatorio no son problemas irrelevantes; son golpes bajos al sueño, a la utopía, a la búsqueda de felicidad.

Por lo regular hay una imagen demasiado exaltada de la migración a los Estados Unidos que se manifiesta en las ideas ilusorias de “barrer” dólares y tener un acceso rápido al mundo de la comodidad y al gasto despreocupado. Esto ha facilitado que la migración se presente como cambio de estatus en la que la posesión de bienes es la prueba mayor del éxito. Automáticamente –y con mucha seguridad sin mala intensión– se genera un contraste que evidencia la mejoría económica de quienes emigraron y la derrota de muchos que permanecieron en el país entre historias de descuentos, fracasos y tragedias.

El ilegal

Por lo regular, la mayoría de los que se van a los Estados Unidos lo hacen de manera ilegal. La característica más evidente de tal hecho es el común sentir, la experiencia del fenómeno de “intrusos” en los ambientes estadounidenses. En los discursos oficiales parece tenerse claro que el hecho de “estar sin papeles” significa ser ilegal. Una situación que, en su gravedad para el indocumentado, se empeora en el momento en que es víctima del racismo prevalente.

Cuando el emigrante vuelve

Al que se va para “el otro lado” usualmente le quedan las intensiones de regresar a su tierra natal; sin embargo, los regresos no deben implicar simplicidad: el mojado siempre tiene la intensión de volver como “triunfador”.

Los emigrantes no se van para siempre; o al menos no reconocen el desarraigo total. A pesar de que muchos logran obtener un buen trabajo, casa, propiedades y hasta ciudadanía… siempre se reservan la intención de volver a su terruño. Para ellos es como una obligación moral pensar en el retorno.

A este sentimiento de volver al lugar de origen se une el deseo de morir o hacerse viejo en el lugar menos extraño que el suelo de otro país; para mucha gente una desgracia que se une a la de la muerte es precisamente la de morir en suelo extraño. Quizás es el miedo a no ser recordado, a que con la muerte no sólo se acabe el cuerpo sino la historia, el recuerdo y la memoria.

Los deportados

Dentro del grupo de migrantes que regresan a la tierra natal existe una categoría de los llamados “deportados”. Aunque en algunos aspectos el grupo coincide con los emigrantes, los deportados poseen tres peculiaridades: son llevados (o regresados) a la fuerza, son desterrados; se encuentran en medio de extrañeza por parte de los locales; y, por lo regular, son víctimas de algún atropello moral y físico.

El destierro, el desarraigo sea de la propia tierra o del lugar al que apenas se ha llegado, provoca un sentimiento de impotencia, resentimiento, coraje… Cuando se destierra del propio lugar por causas políticas no sólo se atenta contra la persona, sino también contra las instituciones, en el sentido de que se cortan o rechazan tradiciones, costumbres y principios.

Cuando se destierra del lugar al que se ha llegado se rompen las esperanzas y las posibilidades de una nueva vida, incluso se llega al grado de dificultar el retorno libre de determinaciones.

Los que se quedan

Los millones que emigran tienen su correspondiente en millones que se quedan en los lugares de origen. Quienes ven partir a los que se van “pa’l otro lado” son los quedados y las quedadas migratorios. A éstos se les distingue en dos tipos: los que comparten el sueño del que se fue y los que están en contra de que se haya marchado el ser querido.

Los que comparten el sueño de los que se marchan, no sólo alientan a los migrantes, sino que además entran en sus planes la aventura del “Norte”: lo que usualmente se llega a constituir tradición familiar.

Por lo regular, la migración produce en las familias la experiencia de la desintegración humana; necesariamente el que se va deja a alguien, y el que se queda tiene la sensación de haber sido abandonado. Son situaciones en las que se vive en carne propia la soledad, la necesidad económica y la ansiedad por el resguardo de la fidelidad, especialmente en los lazos conyugales.

La responsabilidad del migrante

Los migrantes no sólo tienen derechos, también tienen responsabilidades. Las actitudes de respeto, convivencia, fraternidad, encuentro… que esperan de quienes los reciben, son al propio tiempo una responsabilidad inmediata de los que llegan. Los recién llegados a una tierra extraña deben convertirse en sujetos de derechos y responsabilidades u obligaciones.

La experiencia de vivir como extranjeros y forasteros es una oportunidad y un desafío, a pesar de las limitaciones que esto conlleva. El extranjero tiene la responsabilidad de mantenerse, a pesar de las situaciones adversas, como una alternativa en el comportamiento, de tal manera que logre suscitar una buena conducta.

La palabra “Ucareo” tiene varios significados en la lengua tarasca, uno de ellos es “hucarani”, que quiere decir “lugar donde se fructifican los árboles”, otro significado es “donde hay muchos nogales y tejocotes”. Este pueblo data desde la época prehispánica y sus primeros pobladores se asentaron en sus montes principalmente para trabajar la obsidiana, una piedra que abunda en este pueblo y sus alrededores la cual era labrada y utilizada como cuchillos, navajas, ornamentos, aretes y puntas de proyectil que se utilizaban para la guerra. Exactamente no se sabe quienes fueron sus primeros pobladores, ya que era una región cosmopolita, aparte de ser paso para las grandes peregrinaciones que se realizaban en el pueblo de Araró, donde se llevaban a cabo grandes sacrificios en masa y se veneraban a las deidades tarascas. Los grupos étnicos que predominaban en esta región eran los mazahuas, otomíes y tarascos. En el siglo XV los tarascos conquistaron el pueblo de Ucareo para establecer un señorío, en donde se avecindaron a las personas más belicosas y dispuestas a la guerra de todo el imperio Tarasco, ya que los montes de Ucareo servían para vigilar la frontera con el imperio Mexica y así prepararse para las posibles invasiones.

En el siglo XVI, tras la llegada de los españoles a los pueblos de Acámbaro y Taximaroa el pueblo de Ucareo quedó teóricamente conquistado, por lo que se estableció una encomienda. El primer comendador fue Gonzalo de Holguín, seguido por Juan Bezos y al término de las dos encomiendas en 1531 paso a formar parte de la Corona Española. Los primeros evangelizadores fueron los franciscanos, seguidos por los agustinos, quienes decidieron establecerse en el pueblo para construir un convento  dedicado a San Agustín de Hipona. El encargado de construir el convento en el año de 1554 fue Fray Juan de Utrera, el cual lo terminó en poco menos de un año, por lo que ya estaba listo para el año de 1555 y el templo se levantó en el año de 1602 por Fray Gregorio Rodríguez. Los indios se bautizaban en cuatro fechas principalmente: en la Pascua, Pentecostés, el día de San Agustín (28 de agosto) y en Navidad; para estos días de fiesta se arreglaban las calles del pueblo; el interior del templo se abarrotaba de fieles y en el atrio se hacía la procesión con el Santísimo.

La principal actividad económica durante la Colonia consistió en el corte de maderas que se vendían a otras ciudades de la Nueva España, por lo que se le conocía a los montes de Ucareo como “la fortuna del monte” o “la mina del fraile”, debido a que a cambio de las maderas que eran de gran calidad recibían oro y plata de las minas de Guanajuato y Zacatecas. Los frailes trajeron árboles frutales de España mediante la insersión de púas de perales, manzanos, ciruelos, duraznos y nuez de castilla ya que eran propicios para que crecieran en abundancia por el clima frío de la región. Durante este periodo en todo el mundo se vivió un cambio climático muy frío, por lo que el pueblo de Ucareo era escenario de constantes nevadas y aunado a esto sus hermosos paisajes naturales de pinos y sus cristalinas lagunas los frailes describían en sus crónicas al pueblo como a “la Suiza mexicana”.

En el siglo XVIII, después de que el conjunto conventual fue asolado por un gran incendio, se llevó a cabo la secularización de su doctrina, provocando la huída de los frailes. La cabecera parroquial se mudó al pueblo de Tziriztícuaro y es hasta el siglo XIX cuando nuevamente el templo de Ucareo se eleva al rango de Parroquia, por lo que quedan sujetos los pueblos de Santa Ana Jeráhuaro, Buenavista de San Miguel, Santiago Puriatzícuaro, San Ildefonso, Huajúmbaro de Guadalupe, Bucio, El Sauz, El Salto y San Joaquín Jaripeo. También en lo político, una vez finalizada la guerra de Independencia, el pueblo de Ucareo obtuvo el título de cabecera municipal.

Posteriormente dejó de hablarse en este pueblo el idioma tarasco, ya solamente se hablaba el español y con la llegada de familias provenientes de España y Francia comenzaron a cambiar las costumbres y tradiciones indígenas, aunque la música sacra y los cantos religiosos, legado que habían dejado los frailes agustinos, seguían su curso en el coro del templo. Según las estadísticas del año de 1862 el pueblo contaba con 2,200 vecinos, dos mesones, poco comercio, una escuela de niños, la mayoría de las casas eran de madera (trojes)  y el curato era atendido por un sacerdote y un vicario. Las principales fuentes de trabajo se encontraban en las famosas haciendas de “El Sauz” y “San Joaquín Jaripeo”, esta última la más importante, ya que contaba con grandes extensiones de tierras con bosques por lo que su principal actividad eran los aserraderos y el acarreo de maderas de los montes a las galeras de la hacienda y de ahí, por medio de vagones, se llevaba la madera hasta la estación de Huingo, ubicada a escasos kilómetros de la villa de Zinapécuaro de Figueroa. La vida en el pueblo era pacífica y tranquila, la gente dedicada a las labores del campo, al igual que habitaban  en el pueblo varias familias adineradas, de las que los domingos las mujeres de la alta sociedad se hacían notar dando un paseo por la plazuela o subiéndose a su carruaje con rumbo a las villas de Acámbaro y Maravatío para comprar joyas, vestidos, alhajas u otros artículos.

A finales del siglo XIX Ucareo contaba con varios comercios de índole citadina como “La Botica La Salud”, “El Zapatero del Portal”, “El Centro Mercantil de Maravatío”, “El Mesón de Las Cuatro Esquinas” y las tiendas “La Paloma”, “El Privilegio del Monte”, entre otras. Dejó de ser cabecera municipal en el año de 1893 debido a que estaba muy mal organizado el municipio y por tener problemas con la tenencia de Jeráhuaro, quedando así el pueblo de Ucareo sujeto a Zinapécuaro hasta la fecha. El 15 de septiembre de 1910 se estrenó en la plazuela un monumento en honor a Miguel Hidalgo y Costilla con motivo del Centenario de la Independencia de México.

Durante el periodo de la guerra de Revolución Mexicana el pueblo de Ucareo sufrió toda clase de robos, saqueos y muertes, debido a que llegaron a la región grupos villistas que tenían el fin de atemorizar a la población para que les abastecieran de víveres y dinero. Las consecuencias del bandolerismo fueron trágicas y casi estuvo a punto de desaparecer el pueblo porque ya era insoportable seguir viviendo en un lugar donde casi diario se cometían crímenes y asaltos, por lo que en 1916 solamente alrededor de cien personas habitaban en el pueblo después de que había tenido una población de casi 4,000 habitantes. La paz llegó a la región hasta finales de 1919, pero no obstante en los siguientes años con la Guerra Cristera y la lucha por la repartición de las tierras de la “Hacienda de San Joaquín Jaripeo” se derramó mucha sangre en el pueblo de Ucareo hasta que el Presidente Lazáro Cárdenas intervino, ayudando a que  las personas que lucharon por las tierras se organizaran en al ámbito de propiedad y trabajo, de lo cual resultó el “Ejido de Ucareo”.

Finalmente, con la llegada del Cura Fidel Cortés en 1944, se comenzó el mejoramiento de obras y beneficios para las familias del pueblo. El insigne sacerdote unificó a sus habitantes, buscó personas que enseñaran a las amas de casa a aprovechar las frutas de las huertas haciendo almibares, frutas en conservas, licores, mermeladas y ates, de igual manera impulsó la economía con el aprovechamiento de la tierra mediante la implantación de huertos y comercialización de frutas. A principios de la década de 1970, por iniciativa de un grupo de ucarenses se decidió crear una feria frutícola que diera a conocer el trabajo de los fruticultores, impulsar la economía en la región y ofrecer al mundo los productos de Ucareo. Fue así que en el año de 1976 el gobierno del Estado de Michoacán aprobó la llamada “Feria de la Pera”, celebrada por lo regular en los últimos días del mes de julio, coincidiendo con la temporada de las peras.

La Feria de La Pera en este año 2012 llega a su edición número 36 y sigue dando a conocer al pueblo de Ucareo por su potencial frutícola, la calidad de sus productos, sus paisajes, el conjunto conventual agustino y por sus bellas mujeres que son representadas cada año durante el mismo evento.

Fuente:

http://feriadelapera.wix.com